jueves, 11 de junio de 2020

Cerca de Salamanca. Pico Cervero. 2020-06


En Linares de Riofrío tenemos un lugar imprescindible de la provincia de Salamanca. El monte de la Honfría es un lugar para recorrer sin prisas. Los castaños, algunos de un gran porte, alternan con robles, avellanos saúcos y otras especies. Durante este mes, el despliegue floral que nos ofrece es un auténtico regalo.


Tras el madrugón al que nos obligan los horarios del confinamiento, llegamos al amanecer a la pista alta. Aunque estábamos en "fase 1", los federados en montaña ya podíamos desplazarnos por la provincia y pasear cumpliendo con las limitaciones de horario.

Caminamos hasta la cumbre del pico Cervero. La imagen es inusual: la sombra del pico se proyecta sobre el valle del Quilamas.


Hacemos un recorrido por la parte alta de la sierra hasta las cercanías del pico de la Cueva. Nos paramos cada poca distancia para ver las flores. Todo parece estar desplegándose: los helechos, las jaras que parecen de papel cebolla, el cantueso, tomillo, hinojo, rosales silvestres, algunas peonías, centaureas y otras muchas. En algunos lugares la blancura de las jaras crea la impresión de que ha nevado.







El bosque es una delicia. Caminamos entre los robles en silencio para disfrutar de los trinos encadenados de las aves. Vemos el cuco a placer.


A las 10 de la mañana terminamos el paseo. Ciertamente, merece la pena el madrugón.


martes, 2 de junio de 2020

Cerca de Salamanca. Puente Mocho. 2020-06

Durante estos días de confinamiento sólo podemos salir al campo en horarios de 6 a 10 de la mañana y de 8 a 11 por la tarde. El ansia por disfrutar de la naturaleza (sumado a unos días de bien merecida pausa en el trabajo para Carmen) nos ha decidido a pasear por lugares cercanos a Salamanca. Hay que madrugar mucho para aprovechar el tiempo, pero es la única forma de hacerlo.


Una de las vistas es al paraje del Puente Mocho, en Ledesma.

El camino nos conduce por las ondulaciones de la dehesa hasta el puente, de origen medieval, que está situado en un magnífico entorno natural.

El puente Mocho se construyó para salvar la Ribera de Cañedo siguiendo el trazado de una calzada muy antigua, seguramente de origen romano, aunque ha sufrido muchas transformaciones a lo largo del tiempo. Se conserva el empedrado en algunos tramos. El conjunto es muy evocador y tanto el puente como la calzada están protegidos como bienes de interés cultural.


La lluvia de esta primavera ha hecho que la naturaleza explosionara en el momento en el que llegó el calor. Hay agua abundante y la floración se muestra exuberante. También hay una parte mala que explicaré más adelante.

El río es muy estacional, aunque en esta parte, ya prácticamente junto a su desembocadura en el Tormes, se forman pozas extensas. Los ranúnculos ya se van acumulando en el cauce del río, mientras que sólo unos pocos nenúfares han florecido por ahora; habrá que regresar en unos días para poder verlos en plenitud.





Seguimos en curso ascendente del río entre afloramientos rocosos y mucha vegetación. Disfrutamos con las imágenes de la vegetación de ribera, las piedras llenas de musgo y la variedad de flores.

Multitud de aves nos van entreteniendo con sus trinos. Vemos el alcaudón, abejarucos, una preciosa imagen de un martín pescador, además de garzas, milanos, ratoneros y otros.



Entre tanto, tan distraídos como vamos, nos percatamos de que algunas garrapatas están subiendo por nuestros pantalones. Se dispara la alarma. Trepamos a las rocas y nos hacemos una observación exhaustiva. Entre las que nos hemos quitado ya y las que vemos ahora en ropa, piernas y botas suman más de una decena.

Llegamos al coche justo a las 10 (somos rigurosamente cumplidores de los horarios). Durante el viaje y al llegar a casa, vemos más. Revisamos la ropa y quitamos algunas (incluyendo una en la tripa y otra en un muslo). Incluso en la lavadora, antes y después del lavado vemos otras dos.

En fin. Un lugar muy bonito, un paseo muy recomendable, pero, mucha atención: es preferible evitar por ahora las zonas con vegetación y hay que tomar medidas de prevención y control durante el paseo y sobre todo al final.

Pincha en este enlace para acceder a una colección de fotos del paseo

domingo, 31 de mayo de 2020

Jultayu. Macizo Occidental Picos de Europa.

Ahora que vamos viendo la posibilidad de volver a la montaña, merece la pena recordar alguno de los extraordinarios lugares que podemos visitar sin necesidad de grandes desplazamientos, como los que hemos recorrido durante los meses pasados, antes del cierre forzado por la expansión del Covid.


El verano pasado hicimos una salida montañera al Jultayu, en el macizo Occidental de Picos de Europa: una apuesta segura.

Lo cierto es que fuimos un poco por eliminación. Queríamos pasar el fin de semana en Picos y el único refugio en el que encontramos plazas libres fue el de la Vega de Ario. Además teníamos un recuerdo magnífico del Jultayu.

Dormimos en Cangas y el sábado comenzamos temprano nuestra ruta bajo la lluvia. Como digo con frecuencia, el mal tiempo tiene sus contrapartidas, como disfrutar de los Lagos de Covadonga sin apenas gente. Desde el Lago Ercina el camino hasta el refugio es sencillo. Al llegar a la majada de Bobias "la oímos" más que "la vemos". Con buena temperatura, pero con lluvia, subimos la rebaladiza cuesta de "las Reblagas", que nos deja en el collado del Jito. Allí las nubes nos permiten ver el entorno del refugio.

Por la tarde el tiempo parece estabilizarse, así que vamos a asomarnos sobre la canal de Trea. El espectáculo comienza de verdad. Las nubes juegan con los contrafuertes del macizo Central; muestran y ocultan el valle en una danza permanente. Las formas cambian constantemente. Decidimos subir al pico situado a la izquierda de la majada, llamado "Cabeza Llambría". Las nubes vuelven a cerrarse y nos dejan entre la niebla.


Las previsiones meteorológicas se cumplen y domingo amanece espléndido. Sin nubes y con buena temperatura. Atravesamos el Jou del Jultayu para llegar por el collado del Cuvicente hasta la ventana natural de Juracao. La cresta de subida ya es un espectáculo, que se refuerza con el óvalo que enmarca el macizo central, con Caín 1500 metros por debajo.




 Las nubes vuelven a jugar con el paisaje hasta que llegamos a la cumbre del Jultayu ¡Qué magnífico panorama! El valle de Valdeón de extiende bajo nuestros pies. A la derecha, Peñablanca y Robliza delante de la mole de Peña Santa de Castilla. Frente a nosotros, la canal de Dobresengos apunta a Los Cabrones y Torrecerredo, la mayor elevación de la cordillera (2.649 m). Es un lugar impactante. de enorme belleza y fuerza.




Decidimos descender para llegar a Cabeza Llambría, donde teníamos intención de haber ido el día anterior. Ahora la visión se revela en toda su grandeza. La panorámica alcanza desde la canal de Culiembro, que cae al abismo del Cares, pasa por la fortaleza del macizo Central, el valle de Valdeón y Peña Santa.


No sabemos donde mirar. Es todo enorme, brutal, inabarcable. El contraste entre las construcciones naturales de los picos y los valles verdes, aparentemente tan cercanos, se refuerza. Los buitres planean por debajo de nosotros. Parece imposible que un lugar tan hermoso, tan accesible, tan impactante, sea a la vez tan solitario. Sin saber bien el motivo, creedme, la emoción me llena los ojos de lágrimas.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Gran Canaria 2020, Nublo, Tirajana, Agaete, Las Palmas.

Continúa de "Gran Canaria 2020. Guayadeque y Monte Tauro"

En el mes de enero estuvimos aprovechando Gran Canaria al máximo con el tiempo disponible: cuatro días de excursiones fuertes, una más suave y varias visitas a monumentos arqueológicos, incluido el museo Canario.

Los caminos están bien señalizados y hay sobrada documentación para conocerlos, así como para informarse previamente de los destinos culturales y de naturaleza.


Tras las dos primera jornadas en Guayadeque y Monte Tauro, el tercer día vamos al "corazón" de Gran Canaria. Salimos de la Cruz de Tejeda y seguimos una senda bajo la cual se van desplegando valles, barrancos, montañas y mar. Los roques Nublo y Bentayga destacan como altares apuntando al cielo. Son unas estampas, tan bellas, tan estéticas, que parecen inventadas.

Llegamos al roque Nublo. Allí nos vemos envueltos por las nubes y el frío, lo que nos permite disfrutar de las formaciones con muy poca gente. Tras descender por pinares, junto a pináculos, perforaciones y caprichos geológicos, llegamos a la Culata, desde donde gano altura para regresar a por el coche. Carmen sigue hasta Tejeda. La travesía final ha sido larga y dura, pero merece la pena con mucho.




El cuarto día dedicamos la mañana a visitas culturales: El Cenobio de Valerón disfuta de un emplazamiento sobre un barranco. Las celdas forman una estructura similar a una colmena y nos informan de la organización que tuvieron los aborígenes que las construyeron y utilizaron. La Cueva Pintada de Gáldar, aparte de la belleza de las pinturas, merece ser conocida por la infraestructura que protege el yacimiento y la calidad de la visita guiada. Me quito el sombrero ante el esfuerzo que se hace para conservar y divulgar el patrimonio arqueológico. Así debería de hacerse en todas partes. También visitamos la necrópolis del Maipés de Agaete, con más de 700 tumbas o túmulos construidos en una colada volcánica.


Completamos la jornada con un paseo hasta la playa de la Guayedra. El entorno es bello y agreste, bajo las paredes sobre las que surge el pinar de Tamadaba. No nos gusta el hecho de que la ruta tiene que pasar nos cientos de metros por el peligroso arcén de una carretera.

Bajamos a Agaete para ver desde otra perspectiva los restos del "Dedo de Dios", pináculo del "Risco Partido" cuya parte superior se desplomó en 2005.



Decidimos seguir la carretera que lleva por el Noroeste hacia la Aldea para ver los acantilados. El recorrido es increíble, por lo abrupto del recorrido, casi aéreo y ... ¡por el peligro que tiene!
Entre las localidades de La Aldea y El Risco se ha construido un tramo de autovía magnífico, pero hasta llegar allí, no queda más remedio que seguir los 15 km de la carretera GC200. Se da la circunstancia de que la Aldea es una zona con cultivos en invernaderos. Los enormes camiones con productos de ese valle circulan por la autopista GC2 y siguen por la carretera peligrosa, estrecha, llena de curvas muy cerradas y con visibilidad casi nula, a una velocidad incompatible con el trazado. Estábamos llegando a una curva hacia la izquierda donde lo único que se veía era la carretera perdiéndose tras la pared del acantilado. Ya nos habíamos cruzado con varios camiones, así que, cuando oí un claxon, paré a la derecha, con el mar cientos de metros por debajo. Vimos venir hacia nosotros un trailer articulado a una velocidad que hacía imposible que frenara. Lo cierto es que vimos como la caja pasó...demasiado cerca de nuestro coche.

El susto sólo se nos pasó cuando, tras un tramo de autovía, nos salimos a la antigua carretera que allí sólo sirve para llegar al "mirador del Balcón", un fantástico lugar para ver el anochecer.


El siguiente día hacemos otra ruta memorable y original. Dejamos el coche en San Bartomé de Tirajana. Allí cogimos un taxi que nos llevó a una aldea llamada la Culata de Tirajana (10 €). Tras hablar con un paisano, subimos por un camino que se perdía en ocasiones. Se trata de barranco duro, enriscado en ocasiones y espléndido en todas partes. El camino obliga a hacer alguna pequeña trepada fácil, a pasar por el cauce seco de un barranco, seguir varios pasillos aéreos, uno de ellos asegurado con un cable y pasar por un hueco en la pared entre los barrancos llamados cañadones Sombrío y del Jierro. No da tregua. Es exigente y ofrece unas vistas soberbias.




Llegamos a la cuerda con las nubes lamiendo la cresta. Vienen de la ladera contraria y juegan al escondite con el "Morro de la Agujerada" y su ventana. Seguimos hacia la cumbre del Campanario, con el Pico de las Nieves enfrente y de allí continuamos junto a los precipicios de los Riscos de Tirajana. 

En el descenso nos desviamos para parar en la ventana del Nublo, precioso mirador panorámico con las crestas del macizo interior sobre las que destaca la silueta del roque más representativo de la isla.
Por camino, en uno de los pinares, nos deleitamos contemplando a placer a un pico picapinos.



La pista empedrada, con una conservación admirable, se revuelve entre riscos para bajar hasta la degollada de la Cruz Grande; desde allí descendemos a San Bartolomé de Tirajana para llegar al coche. Ha sido la ruta más larga y dura, pero ¡Qué belleza! ¡Qué variedad! la recomiendo vivamente.

Así llegamos al último día, que pasamos haciendo turismo en Las Palmas, visitando mercados, el museo Canario y la playa.



En este enlace puedes acceder a una colección de fotos de estas cuatro jornadas.





martes, 5 de mayo de 2020

Gran Canaria 2020. Guayadeque, Monte Tauro


Todas las islas Canarias son fabulosas. Por unos motivos u otros, ya sean geológicos, paisajísticos, culturales, gastronómicos, meteorológicos... Siempre que vamos las disfrutamos como si fuera una primera vez. Siempre nos encontramos con gente amable. Siempre nos quedamos con ganas de regresar.

Gran Canaria no suele ser la primera opción cuando se elige un isla y sin embargo, la variedad y belleza de sus senderos, su enorme riqueza arqueológica y un precio ajustado en invierno, la hacen un destino muy deseable. Gran Canaria fue mi primera isla en tiempos "protohistóricos". Ya tocaba, así que en enero de este año hicimos una escapada de seis días. Además contábamos con la información que nos había pasado Manolo para ir directamente a los lugares de mayor interés.


El madrugón del día de llegada compensó con una jornada en la que ya hicimos nuestra primera ruta: El barranco de Guayadeque, conocido por su gran tamaño, sus endemismos botánicos y los asentamientos arqueológicos en cientos de cuevas que aún hoy se están excavando.

El camino gana altura fácilmente, primero entre huertos y luego por zonas con almendros, acebuches, pino, cactus, pitas y muchas especies endémicas. Tras una subida por terreno más suelto le llega a la Caldera de los Marteles, cuyas paredes de roca volcánica encuadran un óvalo plano que ha sido usado desde siempre como terreno de cultivo.

El pino canario tiene la facilidad de aguantar bien los incendios. Su corteza en muy gruesa, lo que permite que arda sin llegar a morir el árbol. Algunas imágenes, como la primera de este comentario, con las ramas brotando con fuerza desde los troncos negros son -así lo espero- una metáfora de la vuelta a la normalidad tras el desastre sufrido con la pandemia.

El camino transita por la separación de barrancos y desciende a Guayadeque por un sendero delicioso, lleno de postales de gran belleza.


El día siguiente subimos desde El Molino de Mogán al monte Tauro. El camino asciende por la barrera de "Los Laderones", serpentea, pasa por una faja aérea y gana de una forma atrevida la zona amesetada superior. Seguimos el borde del abismo por lugares con nombres como los Llanos de Guirre o la degollada de las Lapas.




Si las vistas hasta aquí ya han sido extraordinarias, los puntales junto a la cumbre del Tauro nos sorprenden aún más. El valle de Mogán se extiende a nuestros pies tras un cortado de cientos de metros. Nuestra mirada va desde los colores amarillos, rojos, blancos o violetas de los afloramientos rocosos de "Los Azulejos" hasta las cordilleras que se extienden por todas partes.



Nos dividimos. Carmen continúa la travesía en descenso hacia el Norte y yo regreso a por el coche, para subir la estrecha carretera. Cada revuelta del trazado ofrece una visión más y más grandiosa del Tauro. No es de extrañar que fuera una montaña sagrada para los pobladores prehispánicos.

En este enlace puedes acceder a una colección de FOTOS DE ESTAS DOS JORNADAS.
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