El Valle de los Colores es uno de los lugares que todas las personas que buscan la belleza en la naturaleza deberían conocer. Es único y difícil de creer si no se camina entre sus formaciones.
La costa de Guipúzcoa tiene lugares de un gran valor natural y paisajístico. Si el flysch de Zumaia - Deba nos pareció impresionante, Labetxu nos ha dejado boquiabiertos, deseando volver de nuevo para no dejar ningún rincón sin conocer.
Comenzamos la ruta circular en la carretera de Jaizkibel (GI-4362) entre Lezo y Hondarribia, antes de coronar el puerto. Varios paneles informativos indican el paso por un GR. Seguimos
por un pequeño laberinto que recuerda en parte a Urbasa y unos huecos
rodeados con fuertes paredes semicirculares, al parecer con restos
arqueológicos y usados también como corrales (Gaztarrotz).
En poco tiempo estamos en la costa. Allí nos encontramos con multitud de rocas talladas por la erosión. Merece la pena caminar entre ellas para descubrir sus formas.
Llegamos
a un acantilado desde donde se ve la costa cortada en
grandes bloques coloreados: es Labetxu. Subimos siguiendo el sendero.
Cuando ha salvado la mayor parte del acantilado, comienza el descenso
por una zona resbaladiza equipada con cuerda y cadena (se puede evitar
rodeando un poco más). Si se baja por aquí hay que extremar la
precaución, pues hay huecos con bastante caída.
Llegamos al Valle de los Colores, Labetxu. Es una de las maravillas de la naturaleza que deberían verse al menos una vez en la vida. Los colores y las formas sorprenden a cada paso. Rojos, violetas, naranjas, amarillos, verdes, formas geométricas que parecen obras de arte y que la imaginación puede convertir en seres fantásticos, astros, rastros de animales o plantas, fósiles, esqueletos... estratos que separan colores con una intensidad difícil de imaginar, flujos de sedimentos que han esculpido trazos unos sobre otros.
Tras pasar un montón de tiempo recorriendo sus rincones, seguimos por la costa. Los colores se hacen más tenues, pero abundan las geoformas, muchas de ellas alucinantes, como las que recuerdan colmenas de abejas en una escala enorme. Algunas grandes rocas son como geodas, con una parte exterior endurecida y un interior tallado por la naturaleza de manera sorprendente.
En el llamado mirador de la Concha (en efecto una enorme formación que parece una concha), el color dominante es amarillo suave; sus formas hacen pensar en algo orgánico, como un animal vivo que se va a mover si lo tocamos.
El sendero sigue, unas veces junto a la costa y otras hacia el interior y pasa por otras formaciones y miradores. Destaca el balcón Erentzin, donde pasamos literalmente bajo un compendio de colores y formas, como un resumen de lo visto hasta ese momento.
Continuamos para llegar a un arroyo que desemboca en una piscina natural y una gran laja esculpida donde el agua movida por el viento se refleja añadiendo misterio y belleza.
A partir de aquí, seguimos por el GR que nos llevará de regreso hacia el camino de la mañana, primero por una subida continuada y después por pista bajo la sombra de los árboles.
Recomiendo mirar la colección de fotos y prestar atención a la última, que tiene un consejo muy importante que todos deberíamos seguir.
Aquí puedes acceder a una colección más completa de fotos.
Aquí puedes acceder al track en Wikiloc.