viernes, 10 de abril de 2026

Arribes del Duero. De Rupurupay al Picón de Felipe

Recorrido lineal que comienza en el mirador de Rupurupay en Aldeadávila de la Ribera y sigue por senderos sobre el Duero para llegar al mirador del Picón de Felipe.

 
Comenzamos bajando a las cascadas del Remolín por el sendero normal, cuajado de flores esta primavera del 2026. 

 
Las cascadas del Remolín son un espectáculo siempre, pero mejor aún en primavera tras lluvias intensas.

Tras disfrutar de la imagen del arroyo precipitándose, ascendemos por la explosiva senda directa. Continuamos por el camino que lleva a cruzar el arroyo de Rupurupay y que sigue por la parte inferior del cañón. Paramos en varios miradores naturales. Hay un par de pasos protegidos por cadenas que con buen tiempo no presentan problemas y un tramo con estratos muy llamativos dada la diferencia de roca con respecto al entorno.

El siguiente hito es el precioso mirador del Lastrón, al que la senda trepa desde el río entre antiguos bancales. La majada de El Lastrón merece una parada, con sus paredes, corral empedrado y chiviteras en buen estado. 

 
Desde allí, seguimos la senda hacia el mirador de Rupitín. La presencia humana a lo largo de los siglos se observa en los chozos, corrales y construcciones junto a los que se pasa. El tiempo va haciendo sus estragos, pero aún hay chozos con la típica falsa cúpula bien conservados.

 
El camino nos muestra cascadas en la zona portuguesa, tramos con una gran variedad de flores, miradores extraordinarias sobre el Duero, umbrías bajo almeces, fresnos y otros árboles, puentes de piedra sobre arroyos, hasta finalizar en el Picón de Felipe. Buitres y alimoches nos sobrevuelan.

 
Una vez más, tengo que decir que Arribes es uno de los lugares más impresionantes que existen en Europa. Los últimos días de invierno y primeros de primavera son ideales para visitarlo.

Aquí puedes acceder al track en Wikiloc de la ruta.

Aquí a otra ruta circular entre el Lastrón y el Picón de Felipe, parecida a la anterior, pero sin pasar por Rupurupay.

y aquí a otros artículos anteriores sobre Arribes en este blog:

Arribes del Camaces.

Arribes del Huebra en Saldeana

Arribes de Pereña 

Aldeadávila. Secretos del Duero

Arribes del Duer. Fariza.

Las Arribes - 2016

Cascadas en Arribes - 2024

Arribes del Douro. Miranda- Aldeia Nova

 

 

 

 

miércoles, 8 de abril de 2026

Txindoki, Gipuzkoa

El Txindoki o Larrunari es una de las montañas más apreciadas de Euskadi. Muestra un perfil desafiante que evoca montañas más altas y difíciles de acceder. Su prominencia la hace visible desde muy lejos; no es extraño que se la considerase como una de las residencias de Mari, una de las deidades de la mitología vasca.

Su leyenda se cristianizó y reforzó -como en tantos otros lugares- con la construcción de una ermita en su base, Nuestra Señora de los Remedios.

Estamos en Gipuzkoa, en uno de los extremos del Parque Natural de Aralar y en la comarca del Goierri. El comienzo de la ruta está en un gran aparcamiento situado junto a la ermita, en el barrio de Larraitz, perteneciente al municipio de Abaltzisketa.

Cuando comenzamos, la niebla cubre la montaña. El sendero, asciende sin dar tregua por un terreno un tanto resbaladizo debido a las lluvias del día anterior. El verde de las campas se apodera del paisaje y las nubes dejan algunos huecos que nos permiten contemplar la borda y quesería protegida en un dolina antes de llegar al collado de Egurra. Allí comienza el ascenso final, sin más dificultad que el desnivel.

Como si estuviera esperándonos, el Txindoki abre el telón y nos va mostrando poco a poco los valles circundantes. El panorama es magnífico, con el blanco de la caliza entreverado en los verdes de la hierba fresca. Vemos un precioso arco iris circular bajo nosotros (foto en la colección). 

Cuando el viento se calma me llama negativamente la atención un ruido procedente del valle; proviene de una de las muchas industrias situadas en casi cada localidad (al parecer sólo lo oigo yo, como las campanadas que marcan cada hora durante toda la noche junto al alojamiento en el que nos estamos quedando).

En la anterior ocasión que visitamos el Txindoki, hicimos la ruta circular que rodea a la montaña como un cinturón; ahora ampliaremos el recorrido por varios picos próximos antes de reincorporarnos al descenso final.

Las cumbres que vamos pasando están en campas suaves donde aún se conservan neveros. Paramos a descansar en una borda donde y allí un buitre hace un pase de modelos hasta que nos ve. 

 

Un corto tramo por lapiaz nos deja en la cornisa que se asoma sobre el valle del Arritzaga Erreka. Allí, el conjunto de la montaña y las bordas ofrecen un paisaje sublime. Nos encontramos en soledad ante un paisaje que por si sólo ya justificaría sobradamente esta excursión. Seguimos disfrutando de la cresta hacia el Salingain y el Uzkuiti.


El siguiente pico es el Etitzegi, con una visión aún más aérea de la cara Este del Txindoki. Descendemos hacia el barranco de Muitze con una sucesión de cascadas muy estética bajo los contrafuertes de la montaña.

Desde allí seguimos el precioso sendero que recorre la ladera  y nos lleva de regreso.

Aquí puedes acceder a una colección de fotos más completa del recorrido.

En este enlace puedes acceder al track de este recorrido en Wikiloc

Aquí puedes acceder al track del sendero circular corto, un recorrido atractivo, que hicimos hace ya años (en el 2014) y que es más sencillo que el de este año.

 

martes, 7 de abril de 2026

Jaizkibel, Labetxu "Valle de los Colores". Gipuzkoa.

El Valle de los Colores es uno de los lugares que todas las personas que buscan la belleza en la naturaleza deberían conocer. Es único y difícil de creer si no se camina entre sus formaciones.

La costa de Guipúzcoa tiene lugares de un gran valor natural y paisajístico. Si el flysch de Zumaia - Deba nos pareció impresionante, Labetxu nos ha dejado boquiabiertos, deseando volver de nuevo para no dejar ningún rincón sin conocer. 

Comenzamos la ruta circular en la carretera de Jaizkibel (GI-4362) entre Lezo y Hondarribia, antes de coronar el puerto. Varios paneles informativos indican el paso por un GR. Seguimos por un pequeño laberinto que recuerda en parte a Urbasa y unos huecos rodeados con fuertes paredes semicirculares, al parecer con restos arqueológicos y usados también como corrales (Gaztarrotz). 

En poco tiempo estamos en la costa. Allí nos encontramos con multitud de rocas talladas por la erosión. Merece la pena caminar entre ellas para descubrir sus formas. 

Llegamos a un acantilado desde donde se ve la costa cortada en grandes bloques coloreados: es Labetxu. Subimos siguiendo el sendero. Cuando ha salvado la mayor parte del acantilado, comienza el descenso por una zona resbaladiza equipada con cuerda y cadena (se puede evitar rodeando un poco más). Si se baja por aquí hay que extremar la precaución, pues hay huecos con bastante caída. 

Llegamos al Valle de los Colores, Labetxu. Es una de las maravillas de la naturaleza que deberían verse al menos una vez en la vida. Los colores y las formas sorprenden a cada paso. Rojos, violetas, naranjas, amarillos, verdes, formas geométricas que parecen obras de arte y que la imaginación puede convertir en seres fantásticos, astros, rastros de animales o plantas, fósiles, esqueletos... estratos que separan colores con una intensidad difícil de imaginar, flujos de sedimentos que han esculpido trazos unos sobre otros.

Tras pasar un montón de tiempo recorriendo sus rincones, seguimos por la costa. Los colores se hacen más tenues, pero abundan las geoformas, muchas de ellas alucinantes, como las que recuerdan colmenas de abejas en una escala enorme. Algunas grandes rocas son como geodas, con una parte exterior endurecida y un interior tallado por la naturaleza de manera sorprendente.

En el llamado mirador de la Concha (en efecto una enorme formación que parece una concha), el color dominante es amarillo suave; sus formas hacen pensar en algo orgánico, como un animal vivo que se va a mover si lo tocamos.


El sendero sigue, unas veces junto a la costa y otras hacia el interior y pasa por otras formaciones y miradores. Destaca el balcón Erentzin, donde pasamos literalmente bajo un compendio de colores y formas, como un resumen de lo visto hasta ese momento.

Continuamos para llegar a un arroyo que desemboca en una piscina natural y una gran laja esculpida donde el agua movida por el viento se refleja añadiendo misterio y belleza.  

 

A partir de aquí, seguimos por el GR que nos llevará de regreso hacia el camino de la mañana, primero por una subida continuada y después por pista bajo la sombra de los árboles.

Recomiendo mirar la colección de fotos y prestar atención a la última, que tiene un consejo muy importante que todos deberíamos seguir.

Aquí puedes acceder a una colección más completa de fotos.

Aquí puedes acceder al track en Wikiloc.