lunes, 30 de marzo de 2026

Arribes del Duero. Fariza. Zamora

Además de las grandes rutas comentadas en artículos anteriores, caminamos por lugares cercanos; algunos de estos recorridos tienen un nivel que les hacen estar entre los mejores de Europa o incluso del mundo. No exagero. Hay que visitar las Arribes de Salamanca y Zamora para comprobarlo.


Esta vez, caminamos entre Badilla, Cozcurrita y Fariza (Zamora), lugares de una enorme belleza y que nos apetece disfrutar especialmente a comienzos de la primavera.

Comenzamos junto a la iglesia de Badilla. El río (el arroyo de la Mimbre) está candado de ranúnculos, precioso en esta época del año. Nos acercamos a ver la maquinaria del bien conservado molino "Pachón". 



Emprendemos la marcha por caminos cercados con las estéticas vallas de piedra en seco (patrimonio inmaterial de la humanidad). La dehesa con encinas de buen tamaño se muestra verde tras un invierno lluvioso.


Llegamos a un corral de cabras que es una cápsula del pasado. Al revés que los de Torregamones, está en uso, con un rebaño de cabras negras de cuernos retorcidos. Sus chiviteros y el cercado están en perfecto estado, así como algún chozo cercano. Hemos tenido el privilegio de coincidir con el dueño en años anteriores y es admirable el cuidado y cariño con el que lo conserva. 




Una gestión como ésta -aunque no tenga fines comerciales- merece el apoyo económico de las administraciones. Es la mejor forma de conservar un patrimonio que si no fuera por su uso se perdería para siempre. Su conocimiento, aparte de preservar la memoria de los modos de vida ganaderos desde tiempos inmemoriales, es un punto de interés que atrae turismo cultural y que puede ayudar a crear y mantener puestos de trabajo en pueblos que van languideciendo. 


Desde los chiviteros bajamos a ver el arribe y la cascada del Cercio, situada de frente en la ladera portuguesa sobre el Duero. Cae desde un gran altura, pero su cuenca es corta: sólo tras lluvias intensas su caudal es espectacular.


 

Seguimos hacia Cozcurrita rodeando para adentrarnos en el enebral (o "nebral" como aquí le llaman). Es un bosque singular extraordinario, único por su extensión y conservación. Sólo conocer este espacio justificaría la ruta.



En mitad el enebral llegamos a otro conjunto de chiviteros, los de "Colaga la Palla", esta vez sin uso, pero muy bien conservados y con paneles informativos de calidad. Su ubicación en la ladera y junto a una atalaya sobre el Duero es preciosa. 



El camino empedrado nos guía junto a corrales, fuentes, paredes que parecen encajes y un mirador ("Peña Porbarba") hasta Cozcurrita, un pueblo aislado sobre la cornisa. Es emotivo ver las construcciones de piedra llenas de musgo. La afilada espadaña románica de su iglesia indica el comienzo del sendero que desciende hacia el arroyo del Pisón. Lo cruzamos sin problemas por piedras. Cuando el arroyo viene crecido hay que rodear hasta el puente de piedra aguas arrriba.





La ermita de Nuestra Señora Del Castillo es el siguiente hito. Es otro otero, un antiguo castro. Está bien acondicionado con mesas, miradores y paneles de información. Allí se celebra la conocida romería de Fariza, donde se procesiona con pendones de gran tamaño. 


Bajamos al mirador de las Barrancas, uno de los puntos imprescindibles de las Arribes. La vista panorámica sobre el Duero y el barranco del Pisón es soberbia; merece ser disfrutada sin prisa. 



Regresamos para ir hacia Fariza. Pasamos junto a varios chozos y cruzamos el arroyo por el puente de piedras "del Puerto", muy bien conservado y con lanchas de tamaño sorprendente.

 

El arroyo está cuajado de antiguos molinos, la mayoría están en ruina, pero aún se ven presas, canales, piedras de moler y pontones. El arroyo está blanco de ranúnculos, parece que se ha vestido de novia. Otro espectáculo único.



El final en Fariza es acorde con la calidad de la ruta. Cigüeñales para sacar agua de los pozos, fuentes el puente medieval y ... el bar próximo a la iglesia, donde comemos unos pinchos de crestas de gallo y otras delicias, como morro de cerdo con pata o empanadas caseras. Es una alegría ver que aún hay lugares como estos, además, llevado por gente joven.

 
De principio a fin es esta una ruta para enmarcar, de gran belleza e interés paisajístico, cultural, natural y etnográfico.Un valor seguro en esta época del año y otro motivo más para visitar las Arribes, una de las regiones más agrestes y sorprendentes de Europa.

 

sábado, 7 de febrero de 2026

Sicilia 2026-02

La riqueza arqueológica, cultural y natural de Sicilia es enorme. Hace diez años la visitamos por primera vez. Hemos vuelto en una escapada de nueve días pero ... aún nos queda mucho por conocer.

La mayor y más poblada isla del Mediterráneo ha sido ocupada durante siglos por diferentes imperios. Sin agotar la lista de ocupantes, fenicios, cartagineses, griegos, romanos, bizantinos, normandos y españoles dejaron sus huellas. Nosotros tenemos debilidad por los griegos. Nos fascina caminar entre las gigantescas columnas caídas de la ciudad de Selinunte. También sentir como se ha mantenido el carácter sagrado del templo de Atenea en Siracusa, sobre el que se edificó el Duomo. Ambos lugares nos transportan en el tiempo. 

Son muy conocidos y visitados los yacimientos de Agrigento, Taormina o el teatro de Siracusa y sus espectaculares canteras. No obstante, hay otros lugares que conservan valiosos restos griegos en Catania, Segesta o Akrai. En Agrigento, aparte de los templos no hay que perderse la muralla y sus fortificaciones. También es imprescindible en mi opinión el museo, donde se conserva un atlante o telamón (hay otro en el yacimiento). Estas figuras, de 8 m de altura eran como la tercera parte de la altura total del templo de Zeus Olímpico. Ver la escala en el museo, sobrecoge. Se estima que el templo medía 112 m de largo, 56 m de ancho y las columnas 17 m de alto.

En este enlace puedes acceder a una colección de fotos que hemos hecho en Selinunte. Y aquí en Agrigento.

El teatro greco-romano de Siracusa asombra también por sus dimensiones, así como las canteras talladas al lado y el altar de sacrificios, el mayor de los conservados del mundo griego. A esto se añade el anfiteatro romano. Todos son la muestra de un poder económico y político impresionante.

Aquí puedes ver algunas fotos más de Siracusa - parque arqueológico de Neápolis.

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Las ciudades de Catania y Palermo también son espectaculares en su mezcla de majestuosidad, tradición, religiosidad y decadencia. Los mercados callejeros son un espectáculo, especialmente el de pescado de Catania, pero también los de Ballarò, del Capo y Vucciria en Palermo. Palacios e iglesias mayoritariamente barrocas se alzan casi en cada calle. 

El Palacio de los Normandos en Palermo y el cercano Duomo de Monreale son visitas obligadas, pero es un placer entrar en cualquier iglesia u oratorio y sorprenderse con su riqueza. También lo es perderse por las calle estrechas y descubrir los altares que ponen los vecinos en sus plazas y paredes.

En Catania coincidimos con los primeros días de la celebración de Santa Ágata, patrona de la ciudad. Calles, edificios y plazas estaban decoradas con iluminación. En varias iglesias se celebraban casi constantemente actos religiosos y procesiones. En mi opinión una visita obligada en esta ciudad es el teatro romano y el odeón.

En este enlace puedes acceder a una colección de fotos que hemos hecho en Catania y en Palermo. 

Aquí, por separado, de Monreale.

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Las ciudades barrocas del sureste de la isla forman un conjunto reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Cada una de las ciudades del valle de Noto tiene edificios barrocos. Aunque no sea nuestro estilo preferido, el conjunto es fabuloso y las ciudades merecen ser conocidas con detenimiento.

En esta parte del viaje hemos visitado las ciudades de Agrigento (enlace arriba)  y 

Caltagirone,  

Ragusa 

Módica

Scicli

Noto 

Siracusa-Ortigia. En cada uno de los nombres puedes acceder a una colección de fotos.

 En este otro enlace puedes acceder a otra entrada que corresponde al viaje que hicimos en 2016 "Sicilia, arte y Volcanes".  

En aquella ocasión, además de Siracusa, Noto, Ragusa, Palermo, Selinunte y Agrigento, visitamos Taormina, Segesta y Akrai (restos de emplazamientos griegos), Palazzolo Acreide, la villa romana del Casale en Piazza Armerina, el Etna por su lado Norte y Sur, Los acantilados de Scala dei Turchi y la necrópolis de Pantálica.

Notas prácticas:

Volamos a Catania. Vuelo de Ryanair con salida de Madrid a las 6,35. En Catania desayunamos en el aeropuerto (al final hacica la izquierda hay una cafetería que se salva)

Del aeropuerto al centro de Catania la mejor opción es coger el bus "Alibus". Parada nada más salir de la terminal a la izquierda. Vale 4 €. Para volver desde Catania también es la mejor opción.

En Catania es imprescindible ver el mercado de la Peccheria, junto a la plaza del Duomo. De lunes a sábados sólo por la mañana.

Fuimos a Palermo en autocar. La estación está cerca de la central de trenes. Hay bastantes frecuencias. 14 €.

En Palermo teníamos reservado un coche de alquiler, que cogimos cuando salíamos de la ciudad (así nos ahorrábamos conducir por ella). Lo devolvimos en el aeropuerto de Catania el día antes de volver porque una de las personas que venía tenía que irse ese día. Al devolverlo en un sitio diferente tuvimos que pagar 109 €. Compensó y mucho. Moverse en coche es una enorme ventaja en Sicilia dada la gran cantidad de lugares de interés y las distancias.

Entre Agrigento y Caltagirone seguimos las instrucciones Google Maps. Fue un error; nos dirigió por carreteras del interior que en algunos casos eran caminos de cabras más que carreteras. Es preferible ir por la carretera de la costa.

Casi todos los alojamientos fueron apartamentos, con lo que pudimos comprar pescado fresco y desayunar a placer. Otros días fuimos a comer a restaurantes y pizzerías-trattorias. En Agrigento, recomiendo el restaurante Manhattan (léase Manatan).