viernes, 1 de mayo de 2026

Las Cañadas del Teide. 2026-04

El día que llegamos a Tenerife una espesa niebla oscurecía la tarde en Vilaflor, donde íbamos a alojarnos. Habíamos visto desde el barco el mar de nubes y el Teide por encima. Además, nuestro amigo Segundo, que regresaba a Madrid tras la estancia que compartimos en la isla del Hierro, nos envió unas fotos aéreas donde se veían las Cañadas del Teide sobre las nubes. Aún era pronto, así que decidimos subir con el coche.

La carretera es bastante insegura. A pesar del tráfico que soporta, pues es la principal vía hacia el Teide desde el Sur de la isla, carece de reflectantes, no tiene barandillas o quitamiedos en muchos lugares con riesgo, no tiene arcenes, las líneas laterales están difuminadas en muchos tramos y hay vertederas laterales muy profundas sin apenas separación con el carril. El asfalto está muy bien, pero habría que mejorar la seguridad en los aspectos citados.

Para aumentar el peligro estaban en obras para meter un cable por uno de los carriles. La zanja, de unos 10 cm la han dejado cerrada con hormigón blanco que con la niebla, se confunde con una de la líneas laterales. 

Circular con niebla cerrada por allí fue un estrés para todos, pero especialmente para Luis, que conducía su coche. Afortunadamente nos llevó a todas partes y pudimos disfrutar de todo lo que habíamos previsto.

Tras un par de paradas para ver el mar de nubes, llegamos a las Cañadas. Como esperábamos, las crestas estaban recibiendo el sol vespertino. Las rocas volcánicas acentuaban sus colores y el Teide se alzaba limpio de nubes, sus relieves acentuados por los últimos rayos de sol.


En el descenso, paramos para ver el espectáculo del sol bajando sobre las nubes y adelantando el crepúspulo.
 

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El día siguiente, tras bajar del Teide, paramos cerca de Vilaflor para ver dos árboles singulares. Los pinos canarios "El Pino Gordo" con 45 m de altura, y el de las "Dos Pernadas" con 56 m son los más altos de España entre las especies autóctonas. El Pino Gordo tiene una circunferencia de 9,36 m con una anchura máxima de 3,16 m.

 

Aquí puedes acceder a un artículo sobre la ascensión al Teide que acabamos de hacer.

 Y aquí, sobre la subida o más bien la aventura insólita que viví en el mismo sitio en 1979.  

 

El Teide. 3.715m. 2026-04

Subimos al pico más alto de España (3.715 m sobre el nivel del mar), el volcán de El Teide en la isla de Tenerife. Un gigante con una altura de 7.500 m sobre el lecho oceánico.

La subida desde la Rambleta (estación superior del teleférico), es sencilla. Un buen sendero nos guía durante unos 700 m de longitud y menos de 200 m de desnivel. Conviene no caminar muy deprisa si se ha accedido con el teleférico.

A pesar de la limitación de acceso, nosotros estuvimos solos. La razón es que en estos momentos se obliga a llevar piolet y crampones; la mayoría de la gente o no ha leído las instrucciones o no tiene ese material y no se les permite subir.

La vista desde la cumbre es magnífica. Vemos las islas de La Gomera, La Palma, el Hierro y Gran Canaria.

Recuerdo la primera vez que subí al Teide hace ... ¡47 años! Fue una ascensión realmente peculiar y original. El relato de esa aventura va en este enlace.

El descenso es una delicia, aunque son 1.400 m de desnivel. Nos sorprenden a cada paso las coladas de colores, las formas volcánicas y más allá los valles verdes, la costa y el mar. Nos alegramos de hacer el sendero de descenso. Las vistas son increíbles.

 

Nos desviamos ligeramente primero al mirador de la Fortaleza y luego a la Montaña Blanca. Recomiendo a quien vaya que haga lo mismo.

 

Cuando llegamos al aparcamiento en la carretera TF-21, seguimos por el sendero con intención de ir hasta el Teleférico, donde habíamos dejado el coche. Afortunadamente desistimos en el mirador del Tabonal Negro. Allí cogen a dedo a Luis, que llega justo cuando estaban cerrando la barrera. 

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Completamos la jornada con el precioso recorrido circular a los Roques de García, cerca del Parador.


En este enlace puedes acceder a una colección de fotos más completa.

 En este otro enlace puedes acceder al track en Wikiloc 

 Aquí puedes acceder a otro artículo sobre las Cañadas del Teide, de estos días.

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Algunos datos prácticos para completar el puzzle del Teide

Ascender al Teide tiene ahora una dificultad añadida: si se sube desde el teleférico hay que conseguir permiso para pasar por el sendero restringido PNT-10 "Telesforo Bravo". Se solicita en la web de "TenerifeOn". Entre las 9:00 y las 17:00 cuesta 15 € por persona para no residentes en Canarias. El permiso se concede sólo para periodos de dos horas (de 9h a 11h, 11h a 13h, 13h a 15h y 15h a 17h).

Si queremos subir o bajar andando hasta el comienzo del PNT-10 (la Rambleta) hay que solicitar permiso para uno de los tres senderos restringidos que llegan allí. Nosotros lo pedimos para el PNT-07 (Montaña Blanca-La Rambleta), en la web TenerifeOn, aquí. Entre las 09h y las 17h cuesta 6€ en días laborales y 10 € en días festivos para no residentes.

Existen otros bloques horarios en los que también es preceptivo pedir permiso, aunque son gratuitos: Concretamente, en el PNT-10 "Telesforo Bravo", un bloque es de 06h a 09h y otro de 18h a 22h. Para el PNT-07 los horarios con permisos gratuitos son desde las 00h hasta las 09h y desde las 17h hasta las 24h. 

Mientras haya neveros, como era el caso cuando subimos, es obligatorio llevar piolet y crampones. No te permiten subir a quien no los lleve. Todo está explicado en la web TenerifeOn.

Por otro lado, hay una limitación para hacer vivac que también requiere otro permiso.

Conviene hacer las reservas con tiempo suficiente. Los plazos se abren cada lunes para los 56 días siguientes.

En el PNT-07 hay un refugio, que cuando hemos ido nosotros estaba cerrado por obras. Se trata del refugio Altavista, con 54 plazas y situado a 3.265 m de altitud. Tiene la estancia limitada a una noche, dispone de camas equipadas y aseos sin duchas. No sirven comidas, pero se pueden calentar líquidos que se lleven. Cuando lo abran, si se desea utilizarlo también habrá que reservarlo con antelación.

Por último, para completar el puzzle, si se desea subir en el teleférico para ascender a la cumbre y después bajar caminando, hay que reservar la subida en la web "VolcanoTeide", (24 € para no residentes) pero si se sube andando sólo se pueden comprar tickets de descenso utilizando un código QR en la estación superior. El riesgo es que se cierre el teleférico por viento, por ejemplo y haya que bajar caminando.


 

 

 


 




El Teide. Una ascención ...peculiar. 1979.

Valvi y yo estábamos en la Universidad. Más concretamente en la Escuela de Ingeniería Técnica (EUITI) de Béjar (Salamanca). Como era habitual entonces, habíamos recaudado fondos durante el curso para pagar nuestra excursión de fin de estudios. Por votación, fuimos a Gran Canaria. Transcurría el año 1979.

Era la primera vez en mi vida que volaba y -ya que íbamos a Canarias- nos apetecía subir al Teide. Como de espíritu de aventura estábamos sobrados, no nos íbamos a quedar con las ganas, así que un día de madrugada tomamos un barco hacia Tenerife. Sin más. Sin previsiones meteorológicas, información y ni siquiera botas de montaña. La ida era subir en el teleférico: no nos hacía falta nada.

En Santa Cruz nos avisaron de que el teleférico estaba cerrado, pero ya que habíamos ido, tomamos una guagua que nos llevó hasta las Cañadas. No nos íbamos a quedar allí. Por lo menos había que ver el Teide desde abajo y ¿quién sabe? quizás abrieran el teleférico durante el día.

La guagua ni siquiera paró en el teleférico. Fue directamente al Parador, situado unos cuatro km más allá. Era frustrante no poder subir. El día estaba espléndido. 

                                                                                            El Teide nos invitaba a subir

Los dos nos retroalimentamos con la idea de subir caminando. No nos parecía descabellado. Habíamos hecho rutas aparentemente más duras en montaña, así que imaginamos un recorrido que nos llevara hasta la cumbre. Primero por la izquierda, en dirección hacia Pico Viejo y luego por la derecha hasta el cono volcánico final. Compramos un par de botellitas de agua y nos lanzamos.

El comienzo fue coser y cantar, Subimos por el camino junto a los roques de García y seguimos de frente. No recuerdo si entonces había o no sendero hacia el Pico Viejo, tal vez no le vimos. En cualquier caso no era complicado.

                                                                            El comienzo, por los Roques de García

Cuando la pendiente aumentó llegaron las dificultades. Por cada paso que dábamos hacia delante, retrocedíamos dos. Comenzamos a subir en zigzag buscando las partes más consolidadas. Descansamos en la sombra de tubos volcánicos que nos parecían fantasmagóricos. El avance era agotador y lentísimo. Nuestras zapatillas eran totalmente inadecuadas. Necesitábamos descansar cada poco tiempo.

Tras varias -muchas- horas conseguimos alcanzar al estación superior del teleférico. Estábamos reventados y sedientos. Descansamos a la sombra de una de las edificaciones. Habíamos invertido mucho más tiempo de lo que pensábamos. Se nos iba a hacer de noche y aún no habíamos llegado a la cumbre. Había que pensar en vivaquear, pero… no teníamos nada, ni ropa suficiente ni por supuesto sacos de dormir. La insensatez con la que afrontamos la marcha quedaba patente. Si al menos pudiéramos entrar en alguno de los edificios…

No sé qué virgen se nos apareció, pero el caso es que una de las ventanas estaba entreabierta. Como la necesidad obliga, entramos por ella y vimos la salvación. Era un refugio para los trabajadores. Tenía literas, radiadores eléctricos, botellas de agua y comida (latas, algunas sopas de sobre, café soluble, leche). No tendríamos que bajar de noche.

                                                                                                                    El refugio salvador

Tras hidratarnos y descansar, que falta nos hacía, salimos y acometimos la fácil ascensión a la cumbre. En el punto más alto de España esperamos hasta que anocheció. ¡Qué gozada! La sombra del Teide proyectándose sobre la isla y el mar. Un atardecer limpio y un cielo lleno de estrellas como nunca habíamos visto.

Bajamos de noche, entramos en el refugio y … nos hicimos una sopa “sopistant” calentando agua ¡en un radiador! Resulta que había una cocina, pero era de gas y no encontramos cerillas. Creo que también comimos un par de latas de sardinas.

Dormimos de un tirón. Calentitos y cómodos cada uno en nuestra cama. Desayunamos un café con leche y galletas, recogimos todo y dejamos una nota explicando por qué nos habíamos quedado.

No teníamos ni idea de cómo descender. Comenzamos a bajar cerca de los postes del teleférico, deslizándonos por las pedreras. A costa de la erosión y de las zapatillas, en media hora estábamos en la base. Mientras bajábamos el teleférico comenzó a funcionar. Adivinábamos las caras de asombro de los trabajadores que se asomaban desde la cabina.

Continuamos por la carretera hasta llegar al Parador, con la suerte de que nada más llegar apareció la guagua que nos llevaría de vuelta a Santa Cruz.

De regreso asimilamos la sucesión de barbaridades que habíamos hecho: Lanzarse a hacer una ruta sin tener ni idea de su dureza, sin calzado ni ropa apropiada, sin previsión de qué haríamos en caso de que se nos echara la noche encima, subiendo por lugares fácilmente erosionables que ni siquiera deberían pisarse, sin agua suficiente ni comida… No tiene perdón. Tan solo la ignorancia y la temeridad. 

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Sirva como descargo que aquello fue un borrón. Que nunca volví a hacer nada parecido (lo cual no quiere decir que no me metiera en berenjenales y aventuras con riesgo manifiesto) pero sobre todo, que me ayudó a reforzar la idea de no dejar ninguna huella negativa de mi paso en la naturaleza.

Por supuesto hacer algo parecido hoy en día sería inconcebible. La información sobre la necesidad de usar sólo los senderos está por todas partes y la vigilancia, también. Bajando del Teide, en abril del 2026 hemos visto multitud de atajos. No hemos cogido ni uno sólo y los cuatro que íbamos estábamos totalmente de acuerdo en hacerlo así.


Aquí puedes acceder a un relato muy diferente, el de la ascensión que acabamos de hacer a finales de abril de 2026.

Aquí a otro artículo sobre las Cañadas del Teide, de estos días.