jueves, 24 de mayo de 2018

Majanillos. Gredos, 2018-05

El ascenso a la fuente de los Majanillos es un recorrido con uno de los mejores panoramas de Gredos. El comienzo de la ruta es el conocido Pozo de las Paredes, en la garganta de Barbellido, término de Navacepeda de Tormes.

La primavera tardía nos ha regalado unas imágenes magníficas del macizo central y de las gargantas, que rebosan agua.


La garganta de Barbellido y sus tributarias crean seguramente las más extensas zonas de prados de Gredos. Las edificaciones de apoyo a los pastores abundan y algunas son dignas de admiración, por sus altas paredes y extensión. Además, llegando a la parte alta de la cuerda de las Chorreras hay un chozo magníficamente conservado, con su techumbre intacta.

Las vistas desde el collado Tejero y los riscos de Roncesvalles parecen inigualables, pero, realmente el mejor punto de observación de la zona está en los Majanillos, una magnífica fuente con tres cubetas enlazadas. La garganta de Gredos se muestra desde allí con todo esplendor y el circo descubre la mayoría de sus picos.


Se trata de un lugar único, con una magia especial. La tranquilidad que transmiten los prados la percibían también las cabras, que vimos en gran número.


El descenso hacia el Pozo de las Paredes es bastante brusco, pero no importa. Tenemos la mente llena de imágenes inolvidables y el propio Pozo es un lugar que justifica pasar un día de campo y baño cuando mejore un poco el tiempo.

En este enlace puedes acceder a una colección de fotos del lugar.

Quiero añadir que el día fue el resultado de un conjunto de casualidades. Carmen y yo pensábamos que sólo íbamos a dar un paseo, porque el estado físico de los dos era sólo regular, la previsión meteorológica anunciaba tormentas y se nos había hecho tarde. No obstante, nos acercamos a estirar las piernas, sin decidir si íbamos al Balcón de Gredos o al Pozo de las Paredes. Como ya salíamos a una hora de pisaprados, fuimos tranquilamente por Piedrahita y subimos por el puerto de Peña Negra. En el puerto el día estaba precioso, así que seguimos hacia el Pozo de las Paredes. Al final, hicimos un recorrido duro, no nos mojamos, a pesar de que vimos tormentas por todas partes y completamos la salida sin problemas, eufóricos de alegría.

jueves, 10 de mayo de 2018

Boletín salida CASTRO DE IRUEÑA (2018-05)

El Texto que sigue es una transcripción del boletín que entregué a quienes vinieron a la salida que organizamos al Castro de Irueña el 20 de mayo, con la asociación La Facendera en colaboración con los Amigos del Castro de Irueña.  Tras la salida, añado una colección de fotos del magnífico día.

Castro de Irueña.

Dolmen de Casillas, III milenio a.C.

Soy Zok. Hoy hemos dejado el cuerpo del jefe de la tribu en el dolmen. Entre varios hemos movido las losas que cierran el corredor. El hechicero ha convocado a los espíritus. Hemos colocado el cuerpo siguiendo sus instrucciones y dejado la vasija con su ajuar: doce flechas con punta de sílex, un hacha de piedra negra y dura, el ídolo que llevaba colgado al cuello, sus ropas más preciadas y su bastón.


Yo he participado en la construcción de varios dólmenes, pero este lo hicieron hace mil años. Traemos grandes piedras que hincamos en círculo, construimos un túmulo y movemos la enorme losa que cubre la cámara funeraria. Es una tarea titánica. Somos trashumantes. Venimos con el ganado por las vías tradicionales que quizá se usen durante miles de años.

Urunia (Irueña), siglo II a.C.

Me llamo Cráturo. He nacido en este poblado vettón, igual que mis padres y abuelos. Desde que era niño he sabido que había que defenderse de quienes de vez en cuando intentan asaltar el castro. Algunas veces han conseguido llevarse ganado, pero la mayoría, han terminado huyendo con el rabo entre las piernas y alguna que otra herida de flecha.

Nuestra muralla fue construida hace siglos, pero la vamos mejorando siempre que podemos. Rodea el castro dejando la meseta interior para nuestras cabañas, talleres y hornos. Tiene dos paredes entre las que hay piedras pequeñas y tierra. En la parte superior soporta una empalizada de madera desde la que vigilamos. Los fuertes terraplenes que caen hacia el río y el arroyo nos hacen mucho más fácil la defensa. Además, en la zona de poniente, la menos protegida, hay dos murallas imponentes, la primera de las cuales rodea el encerradero de ganado. Allí está la figura de nuestro ídolo. Un animal de granito fantástico con increíbles detalles, como el rabo sobre un lado, los pliegues de la piel, los cuernos de bronce que van clavados en la testuz o la aparatosa vulva. La escultura es la envidia de todos los visitantes. Pero no pienso deciros por qué la tenemos aquí, ni por qué nuestros antepasados trajeron la enorme roca desde las canteras situadas a más de 4 kilómetros. ¡Qué esfuerzo enorme debió ser aquello! Dicen que a una jornada de viaje hacia el noreste hay otra escultura muy parecida. Puede que la tallaran los mismos artesanos.

Nuestro castro tiene tres puertas. La que llamamos del Sol es la mejor, pero tenemos otras tres. La entrada está curvada y en forma de embudo y delante mantenemos un gran foso. Tenemos varios caminos hacia el río que nos permiten llegar con facilidad, además del principal, que viene de las vegas de pasto. El río y el arroyo los cruzamos por puentes de madera y por vados. Cuando la muerte me llegue, quiero descansar en la necrópolis del poblado, junto con las muchas generaciones de antepasados que allí yacen. Espero que en la vasija metan los restos de mis armas.

Urunia (Irueña). Siglo II d.C.

Ave. Soy Iulia Tercia, sacerdotisa del templo de Iuppiter, Iuno y Minerva.

Según cuentan nuestros historiadores, el poderoso ejército romano llegó al oppidum que ocupaban los pueblos indígenas hace más de dos siglos. Nada podían hacer contra nosotros. El crecimiento de la ciudad hizo que el emperador Tito Vespasiano nos concediera el título de Mvnicipium (hace más de un siglo de esto). Los templos y palacios destacan altivos sobre la colina. Cuando los forasteros se acercan desde el sur, los palacios y pórticos de columnas se recortan en el horizonte, con el profundo Águeda a sus pies. Es una imagen soberbia. Como la que tengo yo desde el ara del templo dominando el paisaje.


La enorme escultura zoomorfa que tallaron los pueblos primitivos sigue en el mismo lugar, presidiendo la entrada por el suroeste. El imperio romano amplió las defensas de nuestra ciudad construyendo varios contrafuertes, fosos, muros y taludes. Ahora ocupamos prácticamente todo el cerro. La parte alta tiene los edificios más nobles: la curia, el tesoro de la ciudad, el foro y los templos; el resto se ocupa con viviendas, talleres, tiendas y un foro pecuario. Hace tiempo que existen dos campamentos amurallados exteriores. Son cuadrados, con 370 m de lado. Están defendidos por fosos y su puerta inexpugnable está situada frente a la ciudad para controlar y proteger los accesos. La presencia de los soldados hace que nos sintamos seguros y su ubicación completa un control visual total sobre el entorno.

Seguimos construyendo nuestros edificios más importantes con granito. Es un largo camino el que tienen que recorrer las piedras desde las canteras, pero la belleza y solidez de la ciudad lo justifican. Las inscripciones epigráficas, las estatuas y adornos en mármol, caliza y granito, embellecen la ciudad.


Desde los tiempos de Octavio Augusto tenemos junto a la ciudad un miliario que nos indica la distancia con Emerita. También disponemos de una infraestructura hidráulica importante, la presa en el arroyo Rolloso, que nos proporciona agua, regula el cauce para para los molinos y sirve de riego.

El Villar de Flores. Finales del s. XVIII. 

Me llamo Munio. Mis antepasados vivieron en Villar de Flores. Ninguno de ellos tuvo una vida fácil. Tenían sus casas, un canal de riesgo procedente del sobrante de un antiguo molino y una iglesia con una gran pila de agua bautismal. La villa tenía buen tamaño y su propio alcalde. Tras la reconquista los sucesivos reyes fueron dando privilegios a unos cuantos para mantener tropas ligadas a órdenes religioso-militares. Para los que habitaban en la aldea, la vida era muy dura. Lo poco que tenían les fue embargado tras tener que hipotecarlo. En 1633 el dueño de las tierras, las casas, los pastos, los huertos y bosques… era don Martín de Cáceres Pacheco. El cobro de las alcabalas generaba mucha tensión.

Lo que no pudieron los terratenientes, lo pudieron las guerras con Portugal. En 1669 el lugar quedó despoblado, dada su proximidad con la frontera. A comienzos de este siglo hubo un intento de repoblación. Mi familia y yo intentamos volver a la tierra de mis ancestros, pero otra vez –malditas guerras contra Portugal- tuvimos que huir y el lugar es ahora una dehesa para ganado.

Nos fuimos a vivir a Ciudad Rodrigo, donde trabajo para un noble aficionado a las antigüedades. Por lo visto, hace ya cinco siglos el rey Fernando II cedió el lugar llamado Irueña a la Iglesia. Cada semana vamos una cuadrilla hasta allí y cargamos piedras talladas, columnas y capiteles. Llenamos un carro con las más llamativas y las llevamos al palacio. Las que mi amo no quiere las vendo para que las usen en la construcción. Dicen que los muros que aún se ven acá y acullá cercaron un pequeño poblado cuando la reconquista. Desde entonces el lugar se usa como cantera. También quitaron unas piedras hincadas que molestaban el paso del ganado ¿quién se molestaría en clavarlas? ¿y para qué?

Irueña. Últimos años del s.XIX

No quiero deciros mi nombre. Dicen que los moros encerraron un tesoro de oro y monedas en las tripas del verraco de Irueña y que lo habían encantado para que no se viera cómo encontrarlo. Otros paisanos y yo trabajamos en las canteras y no íbamos a dejar pasar la oportunidad de hacernos ricos, así que barrenamos la escultura en varios sitios y ¡boom! La hicimos volar por los aires. ¡Qué bárbaro! Algunos trozos saltaron a más de cuarenta metros. El caso es que no vimos nada más que piedra, así que para hacer algo, tiramos una columna por el terraplén para ver si llegaba al río. En el pueblo, el señor Domingo dice que hemos destrozado una obra histórica. ¡Buah! ¡Si no era más que una piedra vieja de los moros!


La salida del día 20 de mayo.

Caminaremos por los lugares que vieron los personajes anteriores: el despoblado del Villar, un molino, el dolmen de Casillas, la presa del Rolloso y el castro de Irueña. Tendremos información de los lugares que visitemos, desde los puntos de vista natural, histórico y arqueológico.

La charla del día 18 de mayo.

El día 18 de mayo, viernes, llevaremos a cabo una charla divulgativa en la Casa de las Conchas, a las 20 h, con el título “Irueña, reconstruir el pasado para buscar el futuro”. La impartirá Paula García Encinas, miembro de la directiva de la Asociación de Amigos del Castro de Irueña.


lunes, 30 de abril de 2018

Irueña, castro vettón y ciudad romana (2018-05).

A unos cinco kilómetros al sur de Fuenteguinaldo, el río Águeda ha tallado un profundo cañón. En su margen izquierda, el modesto arroyo Rolloso también ha modelado el terreno antes de su desembocadura, dejando entre ambos cursos de agua un marcado espigón fluvial con forma de meseta. No es de extrañar que hace veintiséis siglos, en la segunda Edad del Hierro, un pueblo eligiera este emplazamiento para vivir. En tiempos tan inciertos sus defensas naturales favorecían la fortificación por tres de sus cuatro lados.


El castro de Irueña es todavía casi un desconocido, aunque en su interior se hayan encontrado restos significativos, el más conocido de los cuales es “la Yegua”, una de las mayores esculturas zoomorfas que existen en el territorio vettón. Hubo además (al menos) otros tres verracos de menor tamaño.

En la parte alta del teso son visibles unas murallas con 1.822 m de longitud que parecen cerrar un recinto principal con forma de elipse y unas 15 hectáreas de superficie. Este tamaño ya indicaría que es el mayor de los existentes en la provincia de Salamanca, pero es que recientes investigaciones con técnicas de visualización desde el aire llevadas a cabo en 2017 han ajustado su tamaño hasta las 22 ha. Sólo como dato para comparar, el de Yecla de Yeltes tiene 5 ha y el de Las Merchanas 8,5 ha.



Tras la ocupación vetona llegaron los romanos, quienes dieron esplendor a la ciudad construyendo templos y edificios de gran porte, como se demostró en las dos zonas excavadas en el s. XX. Irueña alcanzó en esta época el rango de mvnicipium (la segunda clase más alta para una ciudad romana) de acuerdo con el Edicto de Vespasiano del 74 a. C.



La ocupación de la ciudad continuó con los visigodos y en época medieval, hasta su abandono. En 1168 fue cedido por Fernando II de León al Obispado de Ciudad Rodrigo. Tras la desamortización de Mendizábal en 1.836 pasó a ser una propiedad privada y sólo en febrero de 2018 ha pasado a ser terreno municipal de Fuenteguinaldo.



Los restos de la ciudad han sido reutilizados, expoliados, maltratados y trasladados durante siglos. No obstante, aún se conservan en su lugar de origen cimentaciones, sillares, columnas y otros vestigios pétreos, la mayoría de granito.

En este punto hay que señalar que el substrato lítico del teso está formado básicamente por pizarras. El granito procede de canteras alejadas, las más cercanas situadas a más de dos kilómetros de distancia en línea recta. Desconozco la procedencia del mármol (tomé las fotos que van debajo, la del mármol y la tégula en 2011 y nunca más he vuelto a ver esas dos piezas en posteriores visitas).




En el colmo de la ignorancia y la codicia, la “Yegua de Irueña” fue volada con barrenos en los últimos años del s. XIX para “buscar su tesoro escondido”. Como consecuencia, yacía fragmentada hasta que a finales del año 2017 fue restaurada y hoy se yergue de nuevo de forma parecida a como estuvo durante más de veinte siglos.



La escultura tiene un peso estimado de 5,5 toneladas, una longitud de 2,30 m, altura de 1,62 y circunferencia abdominal de 3,10 m. Su nombre está injustificado, porque, aunque es una hembra, como bien a las claras ponen de manifiesto sus obvios órganos sexuales, su forma no es la de ese animal, aunque tampoco parece una vaca; es un cuadrúpedo indeterminado o exagerado. Los pliegues de la piel y los detalles anatómicos recuerdan al verraco de Tabera de Abajo (Salamanca) y en cierto modo a los de Guisando (Ávila).

La enorme figura se talló en una sola pieza. El bloque de granito donde fue tallado fue traído desde Peñaparda, a algo más de 4 km de distancia en línea recta y podría haber pesado once o doce toneladas.

Siguiendo las últimas conclusiones tras la más reciente excavación, su situación ha permanecido invariada desde que se construyó e instaló por los vettones. Esto es un hecho inusual, pues estaría situada intramuros, mirando a una de las puertas de entrada al castro, en la parte con más difícil defensa y con mejor posibilidad de paso para el ganado hacia las zonas de pasto y abrevadero.

La puerta donde se ubica “La Yegua” daría paso a un encerradero de ganados previo a la propia ciudad. La presencia de encerraderos de ganado amurallados aparece en muchos castros de la época, por ejemplo en los abulenses de Las Cogotas y La Mesa de Miranda (Chamartín).

Esta puerta había pasado desapercibida hasta ahora, pero se ha confirmado por la ausencia de cimentaciones en un tramo de 12 m entre dos acumulaciones correspondientes a tramos de muralla. Por otra parte, su ubicación coincide con la presencia de un camino moderno que atraviesa un foso y taludes artificiales. Es posible que dicho camino se construyera sobre otro antiguo, pues se dirige directamente hacia la puerta.

Hay varios tramos de murallas bien visibles así como terraplenes que permiten seguir su recorrido. Presenta algunas particularidades, como su longitud, el hecho de que su trazado es bastante lineal y no adaptado a la topografía del terreno, la ausencia aparente de bastiones y también su construcción, de mampostería de pizarra en seco, que no parece muy fuerte como defensa. En la parte que da al Águeda se muestra como un paramento o muro de contención que bordea el acusado terraplén hacia el río, aunque en el norte también utiliza sillares de granito.

En el área excavada llamada “La Plaza” se observan restos monumentales romanos como basas, cornisas o fustes que indican la presencia de una construcción importante, como un templo o palacio que daría vistas sobre el Águeda y a su vez sería visto desde gran distancia, como una marca de prestigio y ostentación. En época posterior se construyó un santuario cristiano y una necrópolis. En la zona denominada “La Calle” hay un canal de desagüe también monumental, que indica una construcción no menos importante que la anterior.




Tras la construcción del embalse de Irueña, se procedió a desmontar los restos arqueológicos procedentes del castro que se usaron en la construcción del “Molino del Sobrao”, situado en la proximidad. El hecho de que se reutilizaran estos restos evitó su pérdida como sin duda ha ocurrido con muchos otros. Entre dichos elementos se encontraban un miliario de gran importancia documental, un sarcófago antropomorfo y otros elementos arquitectónicos como basas, sillares y cornisas.

El miliario tiene 238 cm de longitud, pertenece al reinado de Augusto y está datado entre el año 16 a.C. y el 6 a.C. , unas fechas muy tempranas, considerando que la colonia Augusta Emérita (Mérida) fue fundada en el 25 a.C. Otra importancia adicional es su ubicación, fuera del trazado tradicional de la “Vía de la Plata” lo que pone de manifiesto la actividad vial romana en una zona donde no se conocía hasta una época posterior. El miliario indica una distancia de 120 millas hasta Emérita (Mérida) y la vía posiblemente se dirigiera a algún punto del oeste peninsular con explotaciones mineras. Tal vez la "Ruta de la Plata" no fuera un sólo camino, sino varios. Se conserva en el patio central del Museo Provincial de Salamanca.

Además, hay al menos dos inscripciones epigráficas que presentan dudas sobre su procedencia. No se ha llegado a un acuerdo entre los investigadores, pero es posible que procedan de Irueña a pesar de que fueron encontradas en Ciudad Rodrigo, dado que a partir del s. XVI muchos materiales de Irueña fueron desmontados y trasladados. La duda razonable se extiende también sobre las Tres columnas, símbolo de Ciudad Rodrigo, cuyo estilo, diámetro y composición del granito corresponde al de las basas de un posible templo existente en Irueña ¿Se extrajo la piedra de la misma cantera? ¿las tallaron las mismas personas? ¿fueron trasladadas a lo largo de lo siglos?
No hay certeza, pero son muchas coincidencias. En cualquier caso, sería compatible que Ciudad Rodrigo también se monumentalizara en época romana. A fin de cuentas, la distancia entre las ciudades de Helmántica (Salamanca) y Bletisama (Ledesma) es prácticamente la misma que la que hay entre Ciudad Rodrigo e Irueña.


Mención aparte merece la presa romana del arroyo Rolloso, situada a unos dos kilómetros y que regulaba el suministro de agua para la ciudad. La presa es perfectamente identificable actualmente, aunque no se ha encontrado aún el acueducto, que posiblemente fuera en parte subterráneo.



Volviendo a la ciudad, en la zona exterior a la escultura zoomorfa hubo una obra defensiva compuesta por un foso de unos 10 m de profundidad y al menos 30 m de longitud.


Los estudios llevados a cabo en 2016 ponen de manifiesto la existencia de construcciones exteriores a la muralla que permitieron un uso mayor del terreno. Debe destacarse que hacia el Suroeste, en el cerro más cercano y frente a la puerta de “La Yegua” existió un recinto rectangular amurallado, con fosos, taludes y una puerta en ángulo reforzada con otro foso. La longitud de cada lado era de 370 m.

Entre las conclusiones del estudio que se llevó a cabo en 2016, a falta de las necesarias excavaciones, se indica que:

- Bajo los restos actuales debe esconderse un importante oppidum prerromano.

- La actual muralla rectilínea quizá sea la consecuencia de haber reutilizado la vieja muralla prerromana para levantar un muro medieval que fue poco más que una cerca.

- El tamaño, de hasta 27 ha con los recintos exteriores, hace factible que los romanos ocupasen este espacio y construyesen en él grandes edificios monumentales, para elevar su dignidad a la categoría de mvnicipivm.

- El recinto de planta cuadrada identificado frente al acceso del oppidum (e incluso un segundo similar y más alejado) parece un emplazamiento militar situado para controlar la entrada y salida al oppidum.


El yacimiento arqueológico es Monumento Histórico (Decreto 3/06/1931) y Bien de Interés Cultural. Esto implica que tiene protección total y está rigurosamente prohibida la retirada de ningún resto, sea del tipo que sea.

La información que se obtiene con los estudios arqueológicos llegará, antes o después en función de los recursos disponibles, pero las modificaciones, destrucción o robo de materiales en este y en todos los yacimientos arqueológicos, además de ser un delito, nos puede privar de información básica para conocer el pasado. No debemos llevarnos nada más que nuestro recuerdo y la emoción de saber que estamos en un lugar que fue habitado durante generaciones.

La excavación, conocimiento y musealización del castro de Irueña será un valor que aportará conocimiento, pero también orgullo para los habitantes de la región y ayuda para un mayor desarrollo económico.


El próximo día 20 de mayo haremos una excursión por la zona, que organizamos La Asociación de Amigos del Castro de Irueña y la Asociación Cultural La Facendera. Durante el recorrido tendremos explicaciones de los lugares que visitaremos, desde los puntos de vista natural, histórico y arqueológico.  Entre otros lugares de interés patrimonial y natural, visitaremos el despoblado del Villar de Flores, el puente del Villar o de Arrellados, la cañada de Merinas, el Dolmen de la Cañada, la presa romana del Rolloso y el Castro de Irueña. Terminaremos en Fuenteguinaldo, donde hemos incluido una parada para tomar un refresco y unos pinchos. La visita a la iglesia, con su retablo y original torre la haremos si disponemos de tiempo suficiente.

Carmen Castaño, natural de Fuenteguinaldo y yo somos los organizadores de esta marcha por parte de La Facendera. Iremos acompañados por algunas personas de los Amigos del Castro y del pueblo.

Además, el día 18 de mayo, viernes, llevaremos a cabo una charla divulgativa en la Casa de las Conchas, a las 20 h, con el título “Irueña, reconstruir el pasado para buscar el futuro”. La impartirá Paula García Encinas, miembro de la directiva de la Asociación de Amigos del Castro de Irueña. Te invitamos a acudir a la charla y te animamos a que te acerques a Fuenteguinaldo para conocer el Castro, con su reconstruida “Yegua”, así como los otros monumentos naturales y culturales que existen en la zona, como el Rebollar, las dehesas, los monumentales dólmenes (Huerta de las Ánimas y la cañada del Villar), el menhir de los Regaos o el templo parroquial del s. XVI con su magnífico retablo de Lucas Mitata.

 
 


 



Para saber más:

M. Gómez Moreno fue el primer investigador solvente que visitó el yacimiento a principios del s XX. En sus escritos nos da pistas para comparar su estado con el que observamos a día de hoy.

Deja constancia de “(…) sus muchos edificios romanos y de tres columnas levantadas que llaman los milagros de Urueña”, también indica que había otras caídas por el suelo y que las piedras eran llevadas a los pueblos cercanos para hacer casas.

“(…) Al noreste se halla el molino del Sobrado, hecho con piedras de la ciudad”

Hacia el norte observa los cimientos de una puerta formando repliegue en curva hacia adentro junto con trechos de muro y “(…) un sitio que llaman puerta del Sol, hasta donde sube otro camino desde el río, cabalgando sobre muretes”. Indica la presencia de restos de otras dos puertas.

“(…) Todo el suelo de la ciudad es un cúmulo de ruinas, asomando, entre zarzas y matorrales, montones de lajas y de cantos de granito (…) traídos de lejos, cimientos, sillares, ladrillos, pedazos de tégulas e ímbrices, paredes y otros vestigios acusando el estrago de sus casas y templos, pues la ciudad mantuvo importancia en la época romana y erigió monumentos grandiosos”.

Describe un cuadrilátero grande y llano que llaman la Plaza, donde debió haber varios edificios y al menos un templo “(…) allí yace aún media basa ática de granito (…) con 0,85 m de diámetro para el fuste. Otras dos bases iguales y enteras se han llevado a Fuenteguinaldo, sirviendo de pie a la Cruz del camposanto y a la que surge ante la ermita (…) parecen hermanas de las tres columnas que hay en Ciudad Rodrigo, y esto me hace sospechar si serían llevadas a desde aquí en el XVI, así como la piedra sepulcral con nombres indígenas (…)”

“(…) A otra ruina la llaman el Campanario. Quedan por varios lugares (…) anchos cimientos, acusando varias líneas de muro, de donde se han extraído sillares en gran número, cuyo tamaño, a juzgar por los que allí quedan alcanzaban a 1,35, 0,65 y 0,40 m (…) y con muesca para suspenderlos”.

“Otras paredes hay de mampostería (…) una de ellas de planta semicircular, hecha con lajas que dicen el Horno. Vi también restos de un pavimento de baldosas, cuyo grosos es de 0,08 m y el largo excedía de 0,45; a su lado, trozos grandes de muros, tejas planas y crecida pila de escombros. Por todas parte, enormes macizos de lajas y sillares marcan el sitio de las casas, y en el río vése un gran tambor de columna echado allí desde la cumbre.”



En la década de los años 30 del s. XX, el erudito guinaldés Domingo Sánchez efectúa excavaciones y elabora informes, por desgracia hoy desaparecidos. También hace algunas fotografías estereoscópicas en algunas de las cuales aparecen diversas basas áticas de grandes dimensiones.

Describe la yegua (…) “profundos agujeros en el testud, donde quizá se acoplaran cuernos de bronce; una serie de entalladuras paralelas forman su morrillo y gorja (…) en la grupa se marca de bulto el rabo, arqueado sobre la nalga izquierda.”


En la década de los 50, el profesor Maluquer establece una serie de fases de ocupación del castro, concluyendo que existiría una etapa de la segunda Edad del Hierro y una posterior romana, altoimperial.



Los verracos

Las finalidad de estas esculturas, presentes en el territorio Vettón, han sido objeto de múltiples hipótesis, entre las que se encuentran su carácter idolátrico, su uso como piedras terminales de territorios o regiones ocupadas por distintas tribus, puntos de referencia para indicar rutas de trashumancia, monumentos sepulcrales, representaciones mágicas encargadas de fomentar y proteger la reproducción del ganado, divinidades protectoras de la ganadería o incluso estelas para cubrir una oquedad con cenizas funerarias.

En todo caso, muestran la importancia de la ganadería, aunque en un número importante aparecen en ambientes de carácter funerario. En Salamanca se han hallado 37 ejemplares (17 de los cuales están desaparecidos)



El despoblado del Villar

Cerca del Villar de Flores existe un despoblado, aparentemente con origen medieval. Tuvo una ocupación importante como demuestra la extensión de sus restos arruinados. Contó con una iglesia de la cual se puede observar aún la magnífica pila bautismal, tallada en una única pieza.

Se cree que la causa de la despoblación de la villa fueron las guerras con Portugal, especialmente la ocurrida en 1640-1669, dada su proximidad con la frontera. A finales del el s. XVIII ya eran utilizadas como dehesas.

Antes y después de cada conflicto el lugar estaba poblado, pero la villa y sus terrenos tenían propietarios nobles que cobraban arriendos por pastos y viviendas. En un momento dado los habitantes llegaron a la ruina. Como ahora pasa con las autopistas, el despoblado de Villar de Flores pasó a la Real Hacienda, primero en 1696 y tras un último intento de repoblación por el antiguo propietario, en 1719. Desde entonces se utilizó como dehesa como continúa siendo actualmente.




La mayoría de los datos que constan en este post los he obtenido de los artículos incluidos en el blog “Amigos del Castro de Irueña” y su facebook, principalmente, los siguientes:

-Excavación Arqueológica en el Castro de Irueña, Fuenteguinaldo (Salamanca)», Estudio Arqueología, bajo la dirección del arqueólogo Manuel Carlos Jiménez González 11/2016.

-Aplicaciones LiDAR a la topografía arqueológica: El Castro de Irueña (Fuenteguinaldo, Salamanca). Luis Berrocal-Rangel,Pablo Paniego Díaz, Lucía Ruano y Gregorio R. Manglano Valcárcel. 6/2017.

También constan datos de los artículos:

-Nuevo miliario de Augusto procedente de Fuenteguinaldo (Salamanca). Manuel Salinas de Frías y Juan José Palao Vicente. Universidad de Salamanca. 2012.

-Señoríos y Despoblados en el Rebollar. María Paz de Salazar y Acha (2004)

martes, 10 de abril de 2018

Gredos, primavera blanca (2018-04)

La última parte del invierno y el comienzo de la primavera nos están ofreciendo unas imágenes de la sierra espectaculares. El Circo de Gredos está blanco como en nuestros mejores recuerdos.


La mañana no parecía que fuera a dejarnos siquiera comenzar a andar, pero "la fortuna ayuda a los audaces", así que comenzamos a caminar desde la Plataforma entre nubes, con hielo barrido por el viento. Al llegar a los Barrerones ya estaba mejorando el día, y al coronarlos, se nos ofreció el Circo con una belleza pasmosa.



Lástima que las temperaturas hayan sido un poco elevadas (lo normal para la época) y las pendientes estaban inestables. De hecho, el día anterior había habido una avalancha que arrastró a varias personas, sin consecuencias, según nos dijeron.

Dadas las circunstancias, optamos por subir desde la Laguna al Morezón. En la cumbre, nuevamente se cerró la ventana de buen tiempo. Un magnífico paseo invernal.








jueves, 5 de abril de 2018

Monumentos protohistóricos de Badajoz (2018-03)

En los últimos años se están sucediendo los hallazgos y excavaciones arqueológicas en Extremadura. En un viaje anterior ya habíamos visitado algunos de los dólmenes de la provincia de Cáceres, con especial mención al magnífico de Lácara y los de Valencia de Alcántara. Ahora, hemos querido conocer los de la provincia de Badajoz.

Tras una parada en el dolmen de la Lapita, cerca de Barcarrota, continuamos hasta Jerez de los Caballeros. En la oficina de turismo pedimos las llaves para visitar el del Toriñuelo. Se trata de un gran monumento funerario del calcolítico (edad del cobre). Su túmulo tiene 48 m de diámetro. Se accede a la cámara funeraria por un corredor de 25 m. La cámara, casi circular, con 3,8 m de diámetro, conserva 12 ortostatos y está cubierta por una falsa cúpula. Junto a su entrada apareció una estela grabada con un personaje adornado con collares, diadema y cinturón que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.

A pesar de estar reconstruido, es emotivo poder entrar dentro del recinto por el largo corredor y ver con todo lujo de detalles los grabados con forma de soles, serpentiformes  y puntos alineados que se conservan en tres de sus ortostatos (en el reportaje fotográfico podéis ver más imágenes)



No menos interesante es el monumento funerario de Huerta Montero, en Almendralejo, construido en la primera mitad del tercer milenio a.C. Como el anterior es un dolmen tipo "tholos" está consolidado e integrado en un edificio que lo protege, sin las lajas de cobertura ni la cúpula. Una peculiaridad es que está construido en el subsuelo, de forma que la falsa cúpula y túmulo era lo único que sobresalía del terreno. Lógicamente, el corredor de entrada está inclinado. Se ha documentado su uso durante más de 1000 años y se encontraron restos de 115 personas en su interior.

Otra originalidad es que en su construcción se utilizó tapial y que se dispuso con una orientación tal que el sol penetra al fondo de la cámara el día del solsticio de invierno.



Pero la visita que esperábamos con mayor ansiedad era el complejo de Cancho Roano, cerca de Zalamea de la Serena, el conjunto tartésico mejor conservado en la península ibérica hasta la fecha (a falta de que concluyan los estudios arqueológicos que están casi empezando en el increíble palacio del Turuñuelo, cerca de Guareña).

El palacio-santuario se construyó en el siglo VI a.C., se reformó varias veces y es de una gran complejidad. Como en el Turuñuelo, su dramático fin fue provocado, siguiendo algún tipo de rito religioso, lo que ha ayudado a obtener una gran cantidad de información. Recomiendo que lo investiguéis en internet antes de ir a visitarlo. Este video da una información fácil de entender  sobre el gran complejo, sus hallazgos y quiénes lo habitaron.



El tercer complejo tartésico existente en Badajoz es La Mata (en Campanario). Se trata también de un gran edificio aislado y con foso perimetral aunque no tan monumental como Cancho Roano y sin un espacio de culto tan marcado. Al parecer tuvo un carácter más dirigido al aprovechamiento agrícola, ganadero y forestal.

Cerca de allí, en un emplazamiento preciosos sobre una ladera dominada por un castillo, se encuentra el pueblo de Magacela. En el cresterío próximo al castillo hay pinturas rupestres y en la vega, un magnífico dolmen, varios de cuyos ortostatos también están grabados.




Pincha aquí para ver una colección con más imágenes.


Elvas (2018-03)

Al lado de Badajoz, nada más cruzar la invisible frontera, nos encontramos con la preciosa ciudad de Elvas, patrimonio de la humanidad, y con sobradas razones para ser reconocida como tal.

La ciudad destaca por sus fortificaciones que, especialmente desde el siglo XVII, fueron desarrollándose y utilizándose en diferentes guerras contra España. La inexpugnable ciudad amurallada cuenta con baluartes y formas arquitectónicas con forma de estrella diseñadas para la defensa a lo largo de todo su perímetro. En el exterior del recinto amurallado hay además tres fortines y dos potentes fuertes, diseñados como imagen a escala de la propia ciudad.


La ciudad ocupa una colina con vistas al valle del Guadiana; los dos cerros que la flanquean están ocupados por los fuertes de Santa Luzia y de Nosa Senhora de Graça. Las vistas desde las fortificaciones son magníficas.

Además, la concentración de iglesias, museos y otros edificios históricos es sorprendente. Tras la catedral se esconde una capilla especialmente interesante, la del antiguo convento das Freiras de São Domingos. Está una placita tras la catedral, dominada por el pelourinho o picota. Las paredes, bóvedas y cúpula de la pequeña iglesia de planta circular están cubiertas por azulejos y las columnas pintadas de forma exhuberante. Se puede subir al mirador al lado de la cúpula octogonal, dando vistas a toda la ciudad.

Es también sorprendente el enorme acueducto de Amoreira, levantado entre los siglos XVI y XVII.





Pero a pesar de su gran interés en general, lo que más me ha impresionado de la ciudad han sido las calles situadas tras la antigua cerca islámica. Las calles estrechas y tortuosas con casas pintadas de blanco y ocre. El cuidado que han puesto algunos vecinos por embellecer las fachadas, el empedrado e incluso la estética de la decadencia que se aprecia en algunos edificios militares abandonados.



Nosotros nos alojamos en el Hotel Santa Luzia, que en su día fue la primera "pousada" portuguesa (equivalente a un parador). Supongo que en fechas más turísticas será caro, pero nosotros tuvimos la suerte de coger un buen precio. Un lugar muy bonito con un desayuno fastuoso, que me atrevo a recomendar si cuadra.

El único "pero" que le pongo a Elvas es la excesiva presencia de coches. Para entrar por alguna de las puertas de la ciudad fortificada hay que competir por el espacio con cierto riesgo. Espero que lo solucionen.

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