Además de las grandes rutas comentadas en artículos anteriores, caminamos por lugares cercanos; algunos de estos recorridos tienen un nivel que les hacen estar entre los mejores de Europa o incluso del mundo. No exagero. Hay que visitar las Arribes de Salamanca y Zamora para comprobarlo.
Esta vez, caminamos entre Badilla, Cozcurrita y Fariza
(Zamora), lugares de una enorme belleza y que nos apetece disfrutar
especialmente a comienzos de la primavera.
Comenzamos junto a la iglesia de Badilla. El río (el arroyo de la Mimbre) está candado de ranúnculos, precioso en esta época del año. Nos acercamos a ver la maquinaria del bien conservado molino "Pachón".
Emprendemos la marcha por caminos cercados con las estéticas vallas de piedra en seco (patrimonio inmaterial de la humanidad). La dehesa con encinas de buen tamaño se muestra verde tras un invierno lluvioso.
Llegamos a un corral de cabras que es una cápsula del pasado. Al revés que los de Torregamones, está en uso, con un rebaño de cabras negras de cuernos retorcidos. Sus chiviteros y el cercado están en perfecto estado, así como algún chozo cercano. Hemos tenido el privilegio de coincidir con el dueño en años anteriores y es admirable el cuidado y cariño con el que lo conserva.
Una gestión como ésta -aunque no tenga fines comerciales- merece el apoyo económico de las administraciones. Es la mejor forma de conservar un patrimonio que si no fuera por su uso se perdería para siempre. Su conocimiento, aparte de preservar la memoria de los modos de vida ganaderos desde tiempos inmemoriales, es un punto de interés que atrae turismo cultural y que puede ayudar a crear y mantener puestos de trabajo en pueblos que van languideciendo.
Desde
los chiviteros bajamos a ver el arribe y la cascada del Cercio, situada
de frente en la ladera portuguesa sobre el Duero. Cae desde un gran
altura, pero su cuenca es corta: sólo tras lluvias intensas su caudal es espectacular.
Seguimos hacia Cozcurrita rodeando para adentrarnos en el enebral (o "nebral" como aquí le llaman). Es un bosque singular extraordinario, único por su extensión y conservación. Sólo conocer este espacio justificaría la ruta.
En mitad el enebral llegamos a otro conjunto de chiviteros, los de "Colaga la Palla", esta vez sin uso, pero muy bien conservados y con paneles informativos de calidad. Su ubicación en la ladera y junto a una atalaya sobre el Duero es preciosa.
El camino empedrado nos guía junto a corrales, fuentes, paredes que parecen encajes y un mirador ("Peña Porbarba") hasta Cozcurrita, un pueblo aislado sobre la cornisa. Es emotivo ver las construcciones de piedra llenas de musgo. La afilada espadaña románica de su iglesia indica el comienzo del sendero que desciende hacia el arroyo del Pisón. Lo cruzamos sin problemas por piedras. Cuando el arroyo viene crecido hay que rodear hasta el puente de piedra aguas arrriba.
La ermita de Nuestra Señora Del Castillo es el siguiente hito. Es otro otero, un antiguo castro. Está bien acondicionado con mesas, miradores y paneles de información. Allí se celebra la conocida romería de Fariza, donde se procesiona con pendones de gran tamaño.
Bajamos al mirador de las Barrancas, uno de los puntos imprescindibles de las Arribes. La vista
panorámica sobre el Duero y el barranco del Pisón es soberbia; merece ser disfrutada sin prisa.
Regresamos para ir hacia Fariza. Pasamos junto a varios chozos y cruzamos el arroyo por el puente de piedras "del Puerto", muy bien conservado y con lanchas de tamaño sorprendente.
El arroyo está cuajado de antiguos molinos, la mayoría están en ruina, pero aún se ven presas, canales, piedras de moler y pontones. El arroyo está blanco de ranúnculos, parece que se ha vestido de novia. Otro espectáculo único.
El final en Fariza es acorde con la calidad de la ruta. Cigüeñales para sacar agua de los pozos, fuentes el puente medieval y ... el bar próximo a la iglesia, donde comemos unos pinchos de crestas de gallo y otras delicias, como morro de cerdo con pata o empanadas caseras. Es una alegría ver que aún hay lugares como estos, además, llevado por gente joven.
De principio a
fin es esta una ruta para enmarcar, de gran belleza e interés
paisajístico, cultural, natural y etnográfico.Un valor seguro en esta
época del año y otro motivo más para visitar las Arribes, una de las
regiones más agrestes y sorprendentes de Europa.


























