martes, 19 de septiembre de 2017

Ameal de Pablo. 2017-09



El nombre “ameal” o “almeal” describe los amontonamientos de heno que los ganaderos construyen alrededor de un palo vertical (mejor cabe decir “construían” pues prácticamente ya han desaparecido de nuestros campos). La paja se colocaba apretada y de modo que el agua resbalara, con el objetivo de mantenerla seca el mayor tiempo posible. La construcción tenía una forma cónica y su contorno inferior estaba normalmente cercado con un muro de piedras para evitar que las vacas se autoabastecieran. Hasta donde yo conozco, esta palabra es característica de las zonas serranas de la provincia de Ávila. En otros lugares se los conocía como “almiar”, pero para mí, son ameales o almeales, por mucho que diga la Real Academia de la Lengua.

Cada vez que caminamos por la sierra y vemos ameales, los fotografiamos como lo que son, una antigüedad, un recuerdo de nuestro pasado, patrimonio común de una forma de vida que casi ha desaparecido. La imagen anterior es una muestra de uno de ellos.


Por su forma, especialmente cuando lo vemos desde la Laguna Grande de Gredos, el Ameal de Pablo recuerda a estas construcciones populares, así que esta vez la montaña sí que tiene al menos parte de su nombre bien justificado.

El Ameal de Pablo tiene una situación estratégica, pues es el primero de los riscos que por este lado da continuidad al cierre del Circo tras el Almanzor, Ballesteros y el Venteadero. Siguiendo al Ameal, risco Moreno y el Cerro de los Huertos forman también un afilado cuchillar que corta bruscamente el paisaje y delimita el Gargantón.

Es un precioso mirador al que se accede tras una divertida trepada. En un día claro, las vistas son espectaculares, entre la Galana, el Almanzor y el resto del Circo, que se muestra desde aquí con una belleza soberbia. Especialmente, la vista sobre la zona de los Tres Hermanitos es de una estética difícil de superar. Es además una cumbre que para mí tiene recuerdos de escaladas, vivacs y otras experiencias. Ya hace mucho tiempo de eso, pero cada vez que vengo por aquí, me veo con el Truji medio enriscados en cualquier pared.

Este fin de semana subimos un grupo de amigos y disfrutamos de la montaña sin prisas, saboreando cada momento.

Una ascensión muy recomendable, más teniendo en cuenta que la gente suele ir tropel hacia el Almanzor y la Galana, mientras que en el Ameal se puede disfrutar de la soledad.

Pincha en este enlace para acceder a algunas fotos de la ascensión y la preciosa jornada.


lunes, 18 de septiembre de 2017

Senda de Camille. 2017-09

La Senda de Camille es un precioso recorrido pirenaico situado en parte en el Parque Natural de los Valles Occidentales, en la provincia de Huesca y el Valle de Aspe en la zona francesa. En el lado aragonés comprende parte de los valles de Ansó, Hecho y Aragüés.

En años anteriores habíamos conocido otros Pirineos más agrestes; esta vez los caminos pasan por montañas más modestas, pero la variedad y belleza que hemos encontrado nos ha dejado absolutamente fascinados. Extensas praderías, bosques fantásticos, collados con enormes vistas y caprichos geológicos se alternan con cumbres que ofrecen panoramas inmensos de montañas y valles.


En contra de lo que pudiera parecer, la senda es dura. En mi opinión, más dura que Carros de Fuego o la que diseñamos en 2016 saliendo del valle de Tena y también recorriendo parte por Francia. La media diaria de desniveles acumulados ha superado los 1.300 m y la longitud, los 20 km. En un recorrido de seis días, estas cifras son más que exigentes. No obstante, las rutas se hacen con placer y fácilmente, pues no hay grandes canales o pedreras y las que hay disponen de caminos bien marcados.

También se pasa junto a grandes paredes, como el sendero que se desliza bajo el circo de Aspe o las colosales agujas de Ansabère.


Por otra parte, no nos limitamos a hacer el camino, sino que ascendimos varias cumbres cercanas, algunas formidables miradores.

En el recorrido entre Gabardito y Lizara subimos el Bisaurín (ese día también ascendimos el puntal alto del Foratón, situado al lado contrario del collado y que también es recomendable).

El segundo día, entre Lizara y Somport, ascendimos el Liovilla y la Cúpula de Secús, ambos extraordinarios.




El tercer día la niebla nos impidió el ascenso al pico de Arlet, pero lo compensamos con un baño estupendo en el lago.

El cuarto, nuestro atrevimiento al subir al Cotdoguy y Marmida tuvo la recompensa de que las nubes se retiraran cuando estábamos en la cumbre. Además ese día vimos por primera vez al quebrantahuesos.

El quinto, hicimos la subida al Petrechema, a la Petite Aiguille d'Ansabère y al Sobarcal (Pic de Petragème para los franceses, pues todos ellos hacen frontera). Desde estas cumbres tuvimos el privilegio de ver a dos escaladores a vista de pájaro, con quienes entablamos conversación.


Por fin, el sexto día ascendimos desde el paso de Tacheras al Achar de Alano y a las Agujas de Alano.


Si hay un pero que ponerle a la travesía es que los refugios están en general (todos menos el de Arlet) situados en zonas con acceso de vehículos, lo que reduce el ambiente montañero. Por contra, están muy bien equipados.

La organización es sencilla. Se puede hacer a través de la web "La Senda de Camille" o contactando directamente con cada uno de los refugios. En nuestro grupo lo hicimos de las dos formas.

En cuanto a la época, no me cabe duda de que es un recorrido magnífico en cualquier momento del verano. Nosotros lo hemos hecho a comienzos de septiembre. Hemos tenimos mucha suerte con la meteorología y la ventaja añadida de que los refugios estaban medio vacíos y en el recorrido hemos encontrado muy poca gente, lo que nos ha permitido disfrutar aún más. En el viaje de ida paramos a ver los dólmenes situados en la proximidad de Salvatierra y el fin de semana siguiente en la sierra de Urbasa, para dar unas vueltas por los hayedos, el Bacón de Pilatos y el nacedero del Urederra, donde Manolo y yo organizamos una excursión a finales de octubre.


En definitiva, una excursión pirenaica muy recomendable que permite visitar lugares que sin duda permanecen en la memoria.

Pincha en este enlace para acceder a una colección de fotografías.




lunes, 21 de agosto de 2017

Crestas y cumbres de Arbás. 2017-08

Todo el norte de León nos atrae como un imán. En esta ocasión, casi de un día para otro, decidimos volver al Alto Bernesga.

Lo normal hubiera sido ir a dormir allí, al mismo pueblo de Casares de Arbas, donde guardamos un recuerdo entrañable y cariñoso de Matilde, la propietaria del Hostal González. Cada vez que hemos ido allí nos ha tratado como si estuviéramos en casa y nos hado de cenar de forma inmejorable. No obstante, esta vez viajaremos en el día ¿una locura? puede, pero la satisfacción de completar una salida tan espectacular compensa de lejos el esfuerzo. Así que, bien temprano nos ponemos en marcha Manolo y yo desde Salamanca.

A pesar de la distancia el trayecto se hace en poco más de dos horas y media. El embalse de Luna, con uno de los niveles más bajos que yo haya visto nunca, es descorazonador. Tanto calor, tan poca lluvia y tan mala gestión hídrica de los regadíos llevan -por ejmplo- a que bajo el puente Fernández Casado no haya nada de agua.

Especialmente cuando se llega por Luna, la entrada al valle de Arbás es espectacular. La estrecha carretera atraviesa un túnel no apto para autocares grandes. A la salida, como si se descubriese un telón, aparece la barrera caliza que contiene un valle precioso donde se ven los pueblecitos de Cubillas y Casares.


La ruta que hacemos comienza en Casares. Subimos directamente al Palero y continuaremos por la Maria de Enmedio y la María de los Corros. Continuamos la cuerda ascendiendo a Peña Esquina y La Brazosa. Desde allí ganamos el collado de la Barragana. Nos acercamos a su cumbre y regresamos para hacer la mayor parte del cordal en sentido contrario, por los riscos de Peña Negra y la Peña del Prado.

El Palero, visto especialmente desde el Norte, es apabullante en su verticalidad. Nada parece indicar que se pueda ascender con una trepada por su cara Este. Con buenas condiciones climatológicas y el terreno seco no presenta complicaciones fuertes, más allá de la inclinación y la sensación de vacío en alguno de sus pasajes. Un recorrido precioso, donde se van descubriendo abismos y paredones nos lleva a las otras dos Marías. Un día con buena visibilidad, como el que tuvimos, es un auténtico espectáculo mires donde mires.


Tras varios pasajes rompepiernas, crestas, lapiaces y cumbres, llegamos a la Barragana, con su impresionante murallón y su magnífica y fácil cresta.



La guinda de un día ya de por si cargadito de emociones son las crestas que nos llevan a Peña Negra y la Peña del Prado. Aquí el terreno se complica. Algunos pasajes hacen que haya que mantener una alta concentración. Incluso una de las crestas es muy afilada y sólo debe hacerse si se controla el vértigo y se tiene seguridad para trepar.


Tras más de 1.400 m de ascenso acumulado, decidimos descender por uno de escasos puntos que lo permiten y no completamos el cresterío que nos lleva al, por otra parte, cercano Pico del Prado de la Segá. Queda pendiente para otra ocasión, junto al Pico Meloita, separado del cordal principal.

Hemos hecho un recorrido lineal, así que bajamos hacia la carretera y tenemos la suerte de que una pareja de amables ponferradinos nos recoge. Mil gracias por ahorrarnos esos cuatro km finales. Yo ya lo hago habitualmente, pero si vemos a montañeros que nos piden ayuda para regresar al comienzo de la ruta, y además nos pilla de camino, es educación y sentido común recogerles.

Tras refrescarnos y lavarnos en Casares nos enteramos de que Matilde aún regenta el hostal, así que vamos a tomar algo y a saludarla. La mala noticia fue que no pudimos verla porque estaba descansando. La buena, es que está allí todavía. Sin duda, haremos por volver, tanto para disfrutar de la preciosa montaña de Arbás como de su compañía, su humanidad y sus antológicas cenas.

Pincha aquí si quieres acceder a una colección de fotos de esta salida.




lunes, 14 de agosto de 2017

Cuatro Lagunas, Sierra de Barco 08-1017

La travesía de las cuatro lagunas de la Sierra de Barco es una excursión clásica. Dura por longitud y desnivel, compensa con creces al atravesar la sierra y dar vista a sus puntos más emblemáticos. Comenzamos por la garganta y laguna de la Nava; seguimos por la laguna de los Caballeros; ascendemos la cuerda para alcanzar la Covacha y el Juraco; descendemos por la laguna Negra o Cuadrada y concluimos pasando por la de Barco y la garganta de Galín Gómez para llegar al punto de partida.

Muy recomendable, aunque hay que estar en buena forma física para disfrutarla.

Pincha aquí para acceder a un enlace con fotos de la jornada.






domingo, 16 de julio de 2017

Navalperal-Canchal Galana-Barquillos-Navalperal. 07-2017

El fresco de la mañana nos acompaña desde el puente de Navalperal. Hemos decidido subir por la garganta para aprovechar la sombra. Pasamos la barranca y paramos a comer algo en la laguna de Majalescoba. Es un lugar precioso, con los riscos de las Hoces y del Fraile en primer plano y la cuerda del Gutre y el Picurucho al fondo. Un panorama montañoso único.



Poco más arriba nos sorprende un mastín comiéndose los restos, más bien los huesos, de una cabra. Parece claro que había seguido a algún grupo, quien sabe desde dónde, quién sabe cuándo, y no sabía con quien quedarse para regresar. Sin que pudiéramos hacer nada, nos acompaña hasta Cinco Lagunas, donde se queda con otros que estaban pescando (!).

Ganamos altura hacia el Canchal de la Galana. Allí, el recorrido requiere echar las manos. No es de gran dificultad, pero hay que ir con atención, y hacer algunas trepadas. Al final, la cumbre de la Galana, con su formidable mirador.


Tras comer, pasamos junto a la portilla "Del Tío Muñoz" (sólo algunos sabemos el origen de ese nombre, algún día lo contaré), recorremos el espaldar del Güetre, el Belesar, Meapoco, aprovechamos la última visión sobre la Hoya de la Berzas y descendemos hacia los circos de las Lagunillas, tan escondidos, tan desconocidos, a pesar de la mucha gente que camina por la garganta del Pinar.

El descenso lo hacemos por la cuerda de los Barquillos. Los Barquillos son los restos de las morrenas que el glaciar arrastró a lo largo de siglos. Las formas onduladas y ahuecadas en la ladera hacen comprender los fenómenos glaciares, como también lo son las acumulaciones y alineaciones de grandes piedras arrastradas a uno y otro lado de la garganta.


Se trata de una excursión circular dura, con más 30 km de longitud y casi 1.700 m de desnivel, pero absolutamente recomendable por su variedad y belleza. Sole y Manolo, fantásticos compañeros para este magnífico recorrido.

Pincha aquí, o en las fotos, si quieres ver algunas fotos de la salida.

martes, 4 de julio de 2017

Peña Trevinca. Poesía en Sanabria. 07-2017

La ascensión a Peña Trevinca, partiendo desde la plataforma junto a la laguna de los Peces es un recorrido amable; casi todo el camino se va pisando sobre una alfombra verde, sin pedreras ni subidas explosivas. Varias lagunas muestran el origen glaciar del territorio: Peces, Ventosa, Vega del Conde y más tarde las de Piatorta, Lacillo y Vega del Tera.

El amarillo de los piornos y el morados de los brezos ya habían abandonado la montaña. En su lugar, tomaban protagonismo las numerosas y espectaculares gencianas (Gentiana lutea), con sus diversos grados de amarillos y naranjas.


El valle alto del Tera y sus afluentes nos acojen dentro de sus formas redondeadas. No son muchos los lugares donde se puede observar tan bien la forma de los valles glaciares. La dureza del lecho rocoso ha conservado la forma en "U" creada por el arrastre del hielo glaciar, sin que la posterior erosión fluvial la haya modificado sensiblemente.


Decidimos bajar siguiendo la cuerda hacia Sierra Segundera, para dar vista a la laguna de Lacillo. De allí regresamos a las lagunas de Piatorta o Piornales y descendimos hacia la Vega del Tera. No pudimos evitar atravesar en la parte final un pequeño tramo de escobas altas.

Recordamos varias salidas previas realmente memorables, como la del Picón, el lago de la Baña y el Teixedal de Casaio y también la que hicimos con La Facendera en junio de 2013. Aquel día disfrutamos de la primavera en toda su plenitud, en un recorrido variado y abrumador en su belleza, desde el Cárdena hasta las cascadas de Sotillo y el bosque final.

Aquel día, como agradecimiento hacia los organizadores, Mari Jose y Manolo, junto con Claudia, de la casa del Parque, se me ocurrió escribir una poesía cuando regresábamos en el autocar; es un soneto, del que no debéis juzgar la calidad poética, pues pues sólo pretendía ser una forma de homenaje a los organizadores. Allí aparecen las camisetas naranjas que nos dieron los guardas de la Casa del Parque por colaborar en la limpieza del camino, la carrera de montaña que nos encontramos, algunas de las especies de plantas que observamos y el colofón final. Aquí lo dejo nuevamente:


Cárdena nublado, mezcla de olores,

facendera naranja en la mañana,

por detrás van marcando la garganta

los del Parque. Se cruzan corredores.


Seguimos disfrutando pensamientos,

brezos, escobas, melisa, helechos,

robles, castaños, mostajos, acebos,

lirios, serbales, violetas, jacintos.


Para un día extraordinario, Sanabria,

primavera inacabable, ilusión,

trabajo de Manolo, Jose y Claudia,


digitalis, aguileñas, martagón,

orquídeas, cervecitas, compañía…

Muchas gracias, de todos… de corazón.

martes, 27 de junio de 2017

Braña de los Tejos y Peña Ventosa 06-2017

La Braña de los Tejos es un precioso tejedal situado en la sierra de la Cuerres, al Este del desfiladero de la Hermida. Está a unos 1.400 metros de altitud y no hay caminos cortos para llegar. Al parecer la vista desde allí es de las que se recuerdan. Nosotros tuvimos niebla, así que de vistas, poco, pero de magia y belleza, un montón.


Además, para llegar hay que pasar por otros lugares espléndidos. Bosques, valles encajonados y la enorme presencia de los Picos de Europa como telón de fondo.

Uno de los lugares próximos es Peña Ventosa, un llamativo pico que destaca sobre los demás por sus enormes paredes que caen sobre el desfiladero. El objetivo de este día era cerrar una jornada para la futura salida con el grupo la Facendera que organizan Manolo y Eloy para mediados de septiembre.

Íbamos siete personas; cuatro subieron desde Salarzón y los otros tres, tras dejar el segundo coche en Lebeña, lo hicimos desde San Pedro de Bedoya.

El camino pasa por una zona de gruesos castaños antes de adentrarse en territorio de robles y más tarde de hayas. En el collado, continuación de la Peña hay un refugio de piedra para ganaderos. Más adelante hay otro muy bien cuidado, con la parte inferior para ganado y la superior para personas, forrado de madera. Ambos tienen chimeneas. Dos buenos lugares, especialmente el segundo, para cobijarse en caso de emergencia.


Desechamos la idea de subir a la Peña, dado el mal tiempo y seguimos hasta la Braña de los Tejos. Allí, tras disfrutar del lugar y recorrer cada metro, iniciamos el descenso hacia Lebeña, por un camino para disfrutar, con fuerte desnivel, pero bien trazado y entretenido.

El domingo nos dividimos, unos fueron a Fuente De, subieron en el teleférico e hicieron la travesía hacia el pico de la Padierna, un maravilloso mirador sobre la Vega de Liordes, para descender luego por el camino de los Tornos.

Manolo y yo nos dirigimos hacia Peña Ventosa, subiendo esta vez desde Salarzón. En esta ocasión la climatología fue benigna y nos permitió completar la subida sin incidencias. Peña Ventosa es un maravilloso mirador. Se asciende tras completar un pequeño cresteo y un par de trepadas, que no son difíciles pero tienen su peligro, sobre todo si hubiera humedad, dado que hay un cierto "patio".


Tras bajar de la Peña, fuimos hacia Fuente De, donde hicimos un recorrido circular por la pista que comunica Fuente De con Pandetrave y regresando por las campas de Bustantivo y el relajante bosque bajo la Peña Remoña.


Pincha aquí para ver algunas fotos de estas salidas.

sábado, 17 de junio de 2017

Madeira. Ciudades y costas

En nuestra visita a Madeira estuvimos alojados en dos apartamentos, el primero próximo a Funchal y el segundo en San Vicente. Hay varios atractivos que deben conocerse cuando se visita la isla.

Curral das Freiras es un pueblo situado en el interior de una antigua caldera volcánica, cuyo acceso original sólo podía hacerse atravesando un puerto de montaña, lo que salvaba a las monjas que fueron a vivir allí de las incursiones de los piratas. Lo mejor es subir directamente al mirador de Eira do Serrado, desde donde se tienen unas vistas espectaculares.


También son espectaculares las vistas desde el cabo Girâo, el segundo más alto del mundo.


Las ciudades costeras del norte, aparte de su paisaje brutal provocado por el ascenso radical de las montañas desde el mar, tienen rincones muy interesantes. Las piscinas naturales de Seixal y Porto Móniz son una gozada.

Las carreteras antiguas en si mismas son ya un espectáculo: se retuercen, suben pendientes inverosímiles o van por huecos tallados en paredes; algunas tienen tanto valor como las levadas. Una nueva red de carreteras atraviesa la isla perforándola en multitud de túneles, lo que permite una comunicación fácil, pero, ojo con las carreteras que quedan, con sus abismos y sus peligrosa y constante caída de piedras (mejor llevar el seguro a todo riesgo con el coche de alquiler si vais a circular por ellas). Y hablando de infraestructuras, el aeropuerto también tiene lo suyo. Se hizo una ampliación que está sostenido por grandes columnas y realmente impresiona cuando se va llegando desde el aire.

En Funchal, para mi lo más reseñable son los numerosos jardines y parques, repletos de flores y especies vegetales. En el antiguo barrio de pescadores, junto al precioso mercado de los Lavradores, han pintado las puertas de las viviendas, algo parecido al Barrio del Oeste de Salamanca. CR7 tiene su hotel, su museo y su estatua, aparte de dar el nombre al aeropuerto.


Reseñable también la comida, magnífica, como suele ser habitual en Portugal. Es obligado probar la espetada de carne de vaca, ensartada en una vara de laurel y asada a la brasa. El pescado más habitual en los restaurante es lo que llaman "espada", que es el "sable negro". Delicioso y bien de precio en general.

Como curiosidad, en una ladera cercana Funchal está Monte, con un cuidado jardín y que es el lugar desde donde se lanzan los "Carreiros", unos cestos fabricados con madera y mimbre que se deslizan a modo de trineos biplaza por las calles para bajar hasta la ciudad. Desde comienzos del siglo XIX la burguesía acomodada subía a tomar el fresco a Monte y bajaba en estos cestos, guiados por dos "carreiros".

Otra curiosidad: las lagartijas, presentes en todas partes.

Pincha en este enlace para acceder a una colección de fotos.

Madeira. Cabo de Sâo Lourenço

El cabo de San Lorenzo es otro de los lugares clásicos para caminar de Madeira. Existe un sendero protegido, con escalones en algunos puntos y barandillas, por el que se hace un recorrido de unos 7 km con un desnivel acumulado de 500 m.


Se recorren acantilados espectaculares, no sólo por su tamaño sino por su composición, de origen volcánico, con columnas basálticas bien formadas. Por las paredes cortadas se pueden apreciar fallas, diques y estratos con diferentes materiales que le aportan gran belleza. Una delicia estética y un reto para los geólogos.

Como en el caso del pico Areeiro, se trata de un sendero muy popular, así que quien vaya, debe saber que se encontrará con mucha gente. Sin embargo, sigue mereciendo la pena pasearlo.

Pincha aquí o en la foto para acceder a una presentación de fotos del Cabo de Sâo Lourenço.

viernes, 16 de junio de 2017

Madeira. Levadas y Barrancos

Madeira tiene dos zonas climáticas bien diferenciadas. El Norte, donde los bosques de laurisilva (patrimonio de la humanidad) atrapan la humedad y el sur, seco y más caluroso. Las levadas son canales que llevan el agua desde los cursos superiores de los ríos y torrentes a los puntos de consumo. Muchas de ellas, efectúan grandes recorridos desde la parte norte hasta el sur. En una isla con tantos accidentes geográficos, deben atravesar montañas a través de túneles, pasar por paredes verticales, cruzar por puentes y atravesar bosques. Este sistema de recogida de agua  alcanza casi todos los lugares de Madeira. Al parecer, las primeras comenzaron a construirse en el s. XVI y todas ellas sorprenden por su atrevimiento. Sin duda son obras de ingeniería dignas de admiración.


Los miles de kilómetros de levadas (dicen que hay 2.500 km) se pueden recorrer en gran parte, no sin dificultad en algunos casos, por los senderos adyacentes o por la misma construcción. Atraviesan por lugares sonde mejor no tener vértigo y en todas ellas se pueden admirar flores y vegetación exuberante, como corresponde al bosque del norte.

Sólo caminar por las levadas, ya supone una gozada. Además, en muchos casos, son las vías de acceso y salida de barrancos.


Las levadas que recorrimos en parte fueron la de Furado, repleta de flores, como el jardín más hermoso de Madeira, la de 25 Fontes, con un túnel de 800 m de longitud y que termina en una cascada y lago paradisíacos, la de Risco, también con vistas a una estética cascada y la que da acceso a Caldeirado Verde y Caldeirao do Inferno, dos lugares impresionantes (la foto de arriba es de Caldeirao Verde) y verdaderamente recomendables.


Con respecto a los barrancos, durante el mes de junio se celebró una reunión internacional de barranquismo, que fue la disculpa principal que tuvimos un grupo de amigos para visitar la isla. Juanjo, Juan, Macri, Jose, Mari Ángeles, Escubi y yo hicimos varios de los barrancos previstos a los que tuvimos acceso con los permisos que gestionó la organización. Los barrancos estaban perfectamente equipados y nos facilitaron el acceso a las cabeceras, algunas situadas a más de una hora de distancia en coche.

Hicimos los barrancos de Pedra Branca, Ribeira Funda, Hortela Superior, Seixal Superior, Passo inferior y Paul do Inferno.

Como decía en un post anterior, descender estos barrancos, algunos con cascadas imponentes, es entrar en un mundo mágico de verdor, agua y verticalidad. Hacerlo además con mis amigos que me dan la seguridad total que se precisa para embarcarse en una actividad como esta, es un privilegio.

¡Volveremos!

jueves, 15 de junio de 2017

Madeira. Picos Areeiro y Ruivo

He tenido la suerte de poder disfrutar de unos días en Madeira. El objetivo fundamental era participar en una reunión de descenso de cañones. Estas formaciones alcanzan en Madeira una categoría que les da fama mundial. Las condiciones orográficas crean saltos vertiginosos, encajonamientos enormes y de gran belleza en un entorno natural siempre verde. No por casualidad, la mayoría de los cañones están situados en la parte más húmeda, donde crecen los bosques de laurisilva. La sensación cuando se rapela una cascada vertical, con las paredes tapizadas de todos los tonos de verde es difícil de entender. Se diría que estamos en un gigantesco decorado en el que somos minúsculos puntos. El ruido del agua, el vacío bajo los pies y la armonía de los paisajes hace que me sienta como en un mundo diferente. Sólo la tensión que obliga a mantener los cinco sentidos en las maniobras de cuerda me une al mundo real.


Pero los atractivos de la isla no se reducen a esto. La vegetación, las costas, los senderos y paisajes merecen una visita sosegada. Mención especial merecen las formidables levadas, canales que atraviesan la isla con pequeños desniveles y que permiten caminar por lugares que de no existir serían imposibles de conocer.

Han sido tantas las actividades reseñables, que voy a preparar varias colecciones de fotos: Una con el macizo central, otra con las levadas y otra con los entornos de San Lorenzo, Seixal, los cañones y Funchal.

En este post, mostraré el sendero que une los picos Areeiro y Ruivo, en el centro de la isla. Se trata de un camino exigente si se hace de ida y vuelta. Podría hacerse con dos coches, pero es complicado dado que los puntos de acceso están muy distantes. Si ve lleva una furgoneta con conductor, sería perfectamente factible.

Todo el camino es un mirador. Atraviesa por lugares inverosímiles, por túneles y escaleras, salvando precipicios a ambos lados de la divisoria. Si se hace de ida y vuelta hay que salvar un desnivel acumulado de unos 1000 m y una distancia de 15 km. El camino está acondicionado con escalones tallados, escalas metálicas y casi siempre dispone de barandilla con cable metálico, si bien los desprendimientos la van deteriorando. Es un camino muy popular, pero aunque haya gente, merece la pena hacerlo; viene a ser como el Cares de Madeira.

Pincha aquí o en la foto para ver una presentación de fotos del recorrido.

jueves, 1 de junio de 2017

Los corrales de Navalosa

Navalosa, en la provincia de Ávila, es una localidad que ofrece algunos atractivos culturales y patrimoniales de un alto valor. Entre otras cosas, cuenta con la mayor concentración de “corrales” con techo vegetal que existe en Castilla.

Los corrales son edificaciones de piedra con planta cuadrada u ovalada, con tejado soportado por vigas de madera y techo de piornos. Fueron usados durante siglos para recoger al ganado. En la planta superior cuentan con un acceso independiente para meter el heno y los materiales necesarios para los pequeños cultivos o para la atención del ganado. Tienen mucho que ver con las pallozas o las cabanas de teito que creíamos únicas de pequeños reductos del norte de España. Junto a ellos suele haber un chozo techado con lajas de piedra para refugio de pastores, además de otras construcciones.
Están en el mismo pueblo y sus alrededores, pero especialmente se concentran en el despoblado de Navalvao, al otro lado del Alberche.


Algunas puertas conservan todavía las sorprendentes cerraduras de madera, con tranca y llavín, ya desaparecidas prácticamente de los pueblos serranos.

Hace más de doce años, Carmen y yo tuvimos la enorme suerte de conocer a dos personas que utilizaban una de estas cabañas. Nos lo enseñaron, nos abrieron las cerraduras de madera y nos hablaron de su modo de vida. Ahora, creemos imposible volver a disfrutar de una experiencia como aquella.


Desafortunadamente, el estado de conservación de los corrales es muy malo. El abandono de las tareas ganaderas y lo antieconómico de su mantenimiento (pues debe renovarse cada año una parte del techado vegetal de piornos) ha hecho que muchos se hayan perdido y otros estén al borde la ruina. Aún se conservan algunos en uso, pero se van deteriorando de modo irreversible. Otros -donde el paso del tiempo aún es clemente- nos permite contemplar su estructura, los pesebres, las vigas e incluso restos de utensilios que nos hablan de su pasada actividad.

Es sorprendente que joyas culturales tan impresionantes como son los corrales de Navalosa se estén perdiendo sin remedio.

Los propietarios de las cabanas de teito en Somiedo y de las pallozas en Los Ancares reciben subvenciones de la Comunidad Autónoma. En la Braña de La Pornacal, un panel informa textualmente ”restaurada con ayuda de fondos del programa europeo LIFE”. 

Hace algunos años la Diputación de Ávila ayudó a restaurar dos corrales en Navalvao; son casi los únicos en pie, pero no se usan, con lo que ya están sufriendo el paso del tiempo. Los que mejor se conservan son los que tienen uso, aunque algunos están divididos y, mientras una parte está razonablemente bien, la otra se cae sin remedio. 

Se que es difícil pero ¿no habrá ninguna institución que pueda y quiera comprometerse a salvar este patrimonio? o... ¿será ya demasiado tarde? Navalosa ya tiene el precedente de una recuperación con éxito: la tradición de "los Cucurrumachos" en el carnaval.

Otro de los atractivos de Navalosa son sus magníficas eras, que también se van ocupando por edificaciones y desapareciendo poco a poco.

La premisa principal para que se conserve este patrimonio, sean las cerraduras de madera, los corrales, las eras, los potros de herrar o los almeales, es que todos nosotros, pero muy especialmente los habitantes de los pueblos, seamos conscientes de su importancia y valor. La preservación de estos bienes tiene un negro futuro mientras los propietarios y la Administración lo consideren algo antiguo, feo o que haya que ocultar, en lugar de algo que se debe recuperar y mostrar con orgullo a las próximas generaciones y a los visitantes que -cada día más- van a desear conocer la historia real, la vida tal y como fue, lejos de la uniformidad actual. La existencia de estos bienes culturales en Navalosa y su promoción turística es además una fuente de ingresos que no debería ser despreciada.

Pincha aquí para ver una colección de fotos desde el año 2005 hasta mayo de 2017.

domingo, 28 de mayo de 2017

Pinar de Hoyocasero, mayo 2017

El Pinar de Hoyocasero, muy especialmente al final de la primavera, es un espectáculo digno de ser admirado. Esta joya botánica está situada entre las sierras del Zapatero y el macizo oriental de Gredos, próximo al río Alberche. Allí, unas 500 especies botánicas se juntan en el reducido espacio de un pinar escondido.


El roble melojo trata de recuperar su espacio natural, pero los pinos silvestres, algunos de gran tamaño, continúan resistiendo, gracias a su explotación comercial, tal y como viene haciéndose desde el s. XV. El provecho económico de su rica madera es en este caso garantía de conservación.

En la primavera y el verano van apareciendo diferentes flores que adornan este espacio único, rara isla vegetal donde abunda una sorprendente vegetación atlántica.

Las laderas orientadas al norte se tapizan del las joyas del pinar, las extraordinarias flores del viento (Pulsatilla alpina): Estas plantas aparecen, como dentro de un cofre, en esta isla vegetal alejada de su entorno bioclimático óptimo.


Pero además de la flor del viento, en este momento también también abundan otras flores espectaculares como las dos especies de peonías, la hierba centella (Caltna palustris), la aguileña (Aquilegia vulgaris), el sello de Salomón (Poligonatum odoratum), la centaurea (Centaurea montana) o varias especies de orquídeas. También están en plena floración las Senecio Coincyi, reintroducidas hace algunos años tras su extinción del pinar y que prosperan nuevamente con éxito.



En las fotos anteriores aparecen la peonía, la for del viento y el sello de Salomón. Debajo algunas otras como
Senecio Coincyi

Aguileña           

Centaurea         

Hierba centella 

...y otras muchas. 

La visita al pinar es recomendable durante la primavera y el verano, pues las flores van apareciendo según el momento.